SIG elimina el aluminio de sus envases asépticos, pero el reciclaje sigue siendo el desafío

Foto: Masud Allahverdizade / Pexels
La empresa suiza presentó una nueva generación de envases de cartón aséptico que reemplaza la tradicional capa de aluminio por una barrera basada en polímeros. La innovación busca reducir la huella de carbono y facilitar el reciclaje, aunque especialistas advierten que el desempeño ambiental seguirá dependiendo de los sistemas de recolección y reciclaje disponibles.
Por Equipo de Preservar
Durante décadas, la delgada capa de aluminio presente en los envases de cartón aséptico fue un componente indispensable para conservar alimentos como leche, jugos y bebidas vegetales sin necesidad de refrigeración. Esa lámina impedía el paso del oxígeno y de la luz, dos factores que aceleran el deterioro de los alimentos.
La multinacional suiza SIG anunció ahora el desarrollo de una nueva estructura de envase que elimina completamente ese material sin sacrificar la vida útil ni los estándares de inocuidad alimentaria, una innovación que, según la compañía, ya puede utilizarse en todas las categorías de productos que comercializa dentro del segmento aséptico.
La empresa explica que el nuevo diseño sustituye la barrera de aluminio por una combinación de cartón y polímeros de alta barrera, aumentando el porcentaje de fibras de papel del envase y eliminando el denominado «polialuminio«, una mezcla de plástico y aluminio cuya recuperación ha sido históricamente uno de los principales obstáculos para el reciclaje de este tipo de envases.
«Eliminar el aluminio es uno de los mayores desafíos tecnológicos del envasado aséptico», afirmó Fernanda Salas, gerente de Marketing PACCE de SIG, quien aseguró que la nueva estructura mantiene una vida útil de hasta doce meses y puede implementarse con adaptaciones mínimas en las actuales líneas de llenado.
¿Qué tan relevante es eliminar el aluminio?
Desde el punto de vista técnico, la innovación representa un avance significativo. El cartón aséptico tradicional está compuesto aproximadamente por un 70-75% de fibras de papel, cerca de un 20-25% de polietileno y alrededor de un 5% de aluminio. Aunque este último constituye una fracción relativamente pequeña del peso total, su extracción primaria requiere una elevada cantidad de energía y genera emisiones importantes de gases de efecto invernadero.
Diversos análisis de ciclo de vida publicados por organismos como el Instituto Europeo del Aluminio y la Agencia Internacional de Energía muestran que la producción de aluminio primario es una de las actividades industriales más intensivas en consumo energético. Reducir o eliminar ese componente puede disminuir la huella de carbono del envase, siempre que la nueva estructura mantenga el mismo nivel de protección y durabilidad.
Al mismo tiempo, la ausencia de aluminio simplifica el proceso de reciclaje, ya que desaparece la fracción conocida como polialuminio, cuya separación ha sido históricamente más compleja y costosa que la recuperación de las fibras de papel.
La solución no elimina todos los desafíos ambientales
Pese a estos avances, expertos en economía circular advierten que un envase sin aluminio no puede considerarse automáticamente «totalmente reciclable» o «ambientalmente superior«.
La principal razón es que el envase continúa siendo un material multicapa. Aunque el aluminio desaparezca, permanecen distintas capas de polímeros que igualmente deben separarse durante el reciclaje.
En la práctica, el impacto ambiental dependerá de varios factores:
- que existan sistemas de recolección diferenciada;
- que haya plantas capaces de reciclar envases multicapa;
- que las fibras recuperadas vuelvan efectivamente a convertirse en nuevos productos;
- y que las capas plásticas también encuentren una valorización material o energética.
En países donde la infraestructura de reciclaje aún es limitada, una parte importante de estos envases continúa terminando en rellenos sanitarios, independientemente de que contengan o no aluminio.
Presión regulatoria desde Europa
El anuncio coincide con la entrada en vigor del nuevo Reglamento Europeo sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR), que busca incrementar la reciclabilidad de los envases, reducir residuos y fomentar diseños compatibles con una economía circular. Aunque la normativa se aplica dentro de la Unión Europea, sus efectos alcanzan a los exportadores de alimentos y bebidas de otras regiones, incluida América Latina, cuyos productos deberán cumplir crecientes exigencias ambientales para ingresar a ese mercado.
Según SIG, esta tendencia explica el creciente interés por soluciones con menor huella ambiental y mayor contenido de fibras renovables, especialmente entre empresas exportadoras que buscan anticiparse a futuros requerimientos regulatorios.
Un avance, aunque no una solución definitiva
La eliminación del aluminio constituye probablemente uno de los cambios tecnológicos más importantes que ha experimentado el envase aséptico desde su introducción comercial hace más de medio siglo.
Sin embargo, especialistas coinciden en que el verdadero beneficio ambiental dependerá menos del diseño del envase que de la existencia de cadenas de reciclaje eficientes, infraestructura para recuperar sus materiales y políticas públicas que favorezcan la economía circular.
En otras palabras, un envase mejor diseñado representa un paso importante, pero sólo alcanza todo su potencial cuando forma parte de un sistema capaz de mantener sus materiales en uso y evitar que terminen convertidos en residuos.



