El Corredor Azul del Pacífico Oriental: protección marina de Alaska a la Antártica

Foto: Silvana Palacios / Pexels
Desde Alaska hasta la Península Antártica, el Corredor Azul del Pacífico Oriental busca proteger las rutas migratorias de grandes cetáceos a través de una red de áreas marinas conectadas. La iniciativa de WWF, coordinada desde Chile, fue presentada en la COP17 de Biodiversidad, en Armenia, con un objetivo: que la meta global de conservación del 30% de los océanos considere también los desplazamientos de las especies.
Por Equipo de Preservar.
El proyecto propone abarcar al menos siete millones de kilómetros cuadrados de espacios oceánicos conectados, tanto en aguas nacionales como en zonas más allá de la jurisdicción de los países. Según los antecedentes presentados por WWF, la iniciativa busca resguardar las rutas de, al menos, seis poblaciones de grandes cetáceos amenazados, cuyos desplazamientos entre áreas de alimentación y reproducción atraviesan fronteras marítimas.
La propuesta fue el eje del evento paralelo “El Corredor Azul del Pacífico Oriental: conectando la protección del océano desde Alaska hasta la Antártica para alcanzar la meta 30×30”, realizado en la 17ª Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP17), que tuvo lugar en Ereván, Armenia, entre el 19 y el 30 de octubre de 2026.
Una meta global que debe considerar las rutas migratorias
La iniciativa plantea un desafío para la conservación marina: las áreas protegidas no siempre coinciden con los espacios que las especies necesitan para desplazarse, alimentarse y reproducirse.
Durante la presentación, se compararon mapas de rutas migratorias de ballenas con las áreas proyectadas para cumplir la meta 30×30 y las zonas de importancia para mamíferos marinos, tiburones, rayas y aves marinas. Los resultados expuestos muestran que estas áreas no siempre se superponen en el Pacífico.
La meta 30×30 forma parte del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en 2022. Su objetivo es que, para 2030, al menos el 30% de las zonas terrestres, aguas continentales y áreas marinas y costeras del planeta estén efectivamente conservadas y gestionadas, mediante sistemas ecológicamente representativos, conectados y con una gobernanza equitativa.
En ese contexto, el Corredor Azul busca que la conservación no se limite a sumar superficie protegida, sino que considere también la conectividad ecológica y los movimientos de las especies.
“Este corredor une los polos del planeta y nos recuerda que ningún país puede proteger el océano por sí solo. Las ballenas migran por aguas de muchos países y por alta mar, y la protección debe estar igualmente de conectada”, señaló Yacqueline Montecinos, coordinadora de Conservación Marina y Políticas Oceánicas de WWF Chile y líder de la iniciativa.
Un corredor que articula iniciativas regionales
El trazado propuesto considera espacios marinos de relevancia ecológica, entre ellos el Corredor Marino del Pacífico Este Tropical, que conecta Galápagos con las aguas de Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador.
También incorpora la Cordillera de Nazca, Salas y Gómez, un área marina de importancia ecológica o biológica (EBSA) de 1,2 millones de kilómetros cuadrados, y RAMPAS, una red regional que coordina a instituciones responsables de áreas marinas y costeras protegidas de Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Chile.
La propuesta busca fortalecer la cooperación entre países para enfrentar amenazas que no se detienen en los límites marítimos. Entre ellas, las colisiones de ballenas con embarcaciones y la captura incidental de especies marinas en actividades pesqueras.
De acuerdo con los antecedentes presentados por WWF, investigadores han situado a Chile en el primer lugar mundial en mortalidad de ballenas por colisiones con embarcaciones. Además, una investigadora de la Universidad de Duke advirtió sobre la significativa participación de Sudamérica en el esfuerzo pesquero global y su escasa representación en los sistemas de datos sobre captura incidental.
Cooperación, ciencia e inversión para proteger el océano
La presentación reunió a representantes de gobiernos, organismos de conservación y sectores vinculados al océano. La conversación fue moderada por Sandra Valenzuela, directora de WWF Colombia, y contó con la participación del ministro de Ambiente de Panamá, Juan Carlos Navarro; Patsy Contardo, de Asuntos Oceánicos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile; Flavio Gaspar Lontro, de la Red Latinoamericana de la Pesca Artesanal; Federico Mosquera-Guerra, de Parques Nacionales Naturales de Colombia; y Leonardo Marriaga, de la Comisión Permanente del Pacífico Sur.
Durante el encuentro, Navarro llamó a los países de la región a proteger legalmente el corredor y a frenar la extracción de krill en la Antártica. “No se puede permitir más, es lo mismo asesinar una ballena que pescar krill”, sostuvo.
Según detalló Montecinos, la estrategia del Corredor Azul se sostiene en tres pilares: consolidar redes de áreas conservadas, protegidas y conectadas; reducir los impactos humanos mediante cooperación regional y manejo basado en ciencia; y aumentar la inversión en conservación, investigación y monitoreo de ballenas.
La iniciativa se presentó en una COP17 que marca un hito para la agenda global de biodiversidad: la primera revisión mundial del avance colectivo del Marco de Kunming-Montreal, adoptado en 2022 y con metas fijadas para 2030. La conferencia busca evaluar los avances y acelerar las acciones para detener y revertir la pérdida de biodiversidad.
En ese escenario, la conectividad marina aparece como un componente clave para que la protección de los océanos tenga resultados efectivos. El desafío del Corredor Azul es traducir la cooperación regional en medidas que resguarden las rutas migratorias y los ecosistemas de los que depende la vida marina.



