Día de la Fauna Chilena: proteger la fauna también exige gestionar nuestros residuos

En el Día de la Fauna Chilena, Daniel Paredes, gerente general de TriCiclos, advierte que proteger la biodiversidad no empieza solo en las áreas protegidas, sino también en cómo producimos, consumimos y gestionamos los residuos, en un país donde más de la mitad de los vertebrados evaluados enfrenta algún grado de amenaza.
Por Daniel Paredes, gerente general de TriCiclos
¿Qué relación existe entre una botella plástica desechada incorrectamente y la supervivencia de una especie nativa? Mucho más de lo que solemos imaginar.
Los residuos que terminan en ríos, playas, humedales y otros espacios naturales pueden convertirse en una amenaza para los animales y alterar el equilibrio de sus ecosistemas. Por eso, proteger nuestra biodiversidad también exige revisar cómo producimos, consumimos y gestionamos aquello que desechamos.
La contaminación por plásticos, la acumulación de basura en entornos naturales y la presión sobre los ecosistemas son parte de un problema que trasciende lo estético. Los residuos mal gestionados pueden afectar los hábitats, provocar que los animales ingieran materiales o queden atrapados en ellos, alterando el equilibrio de los entornos naturales.
Las cifras muestran la magnitud del desafío. De acuerdo con el Informe Anual de Estadísticas del Medio Ambiente 2025 del INE, 264 de las 517 especies de vertebrados evaluadas en Chile están clasificadas en categorías de amenaza, ya sea en peligro crítico, en peligro o vulnerables. Es decir, poco más de la mitad de las especies evaluadas de este grupo enfrenta algún grado de riesgo.
A esta realidad se suma la contaminación de nuestros espacios naturales. Un muestreo impulsado por el Ministerio del Medio Ambiente en 2020, que consideró 32 playas del país, identificó que los residuos plásticos representaban el 34,6% de los elementos encontrados. Aunque se trata de un antecedente de años anteriores, permite dimensionar la presencia de estos materiales en nuestros ecosistemas y la necesidad de fortalecer su prevención y gestión.
Ambos diagnósticos nos recuerdan que la protección de la biodiversidad y la economía circular no son agendas separadas. Reducir la generación de desechos, recuperar materiales y reincorporarlos a nuevos ciclos productivos permite disminuir la presión sobre los recursos naturales y evitar que tantos residuos terminen en el entorno.
Pero no basta con pedirle a las personas que reciclen. Necesitamos infraestructura, sistemas de recolección y clasificación, educación ambiental y mercados que hagan posible la valorización. También debemos avanzar hacia modelos de producción que reduzcan los residuos desde su origen y consideren el impacto de los productos durante todo su ciclo de vida.
En el marco del Día de la Fauna Chilena, que conmemoramos cada 7 de noviembre, el llamado es a entender que cuidar nuestra fauna es también cuidar los lugares donde vive. La economía circular ofrece herramientas concretas para que nuestras decisiones de consumo y producción contribuyan a proteger la naturaleza.
Porque conservar la biodiversidad no comienza únicamente en las áreas protegidas: también empieza en nuestras casas, empresas y ciudades.



