Pingüinos Adelia: una señal del cambio climático vista desde el espacio

14 septiembre, 2026
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Foto: Jan Tang / Pexels

El análisis de miles de imágenes satelitales revela cómo la pérdida de hielo marino está modificando la alimentación de una de las especies emblemáticas de la Antártida.

Por Equipo de Preservar.

Desde el espacio, una colonia de pingüinos puede parecer apenas una mancha sobre el paisaje blanco y rocoso de la Antártida. Pero el color de esa mancha contiene información sobre lo que ocurre mucho más allá de la costa. El guano de los pingüinos Adelia permite ahora a los científicos reconstruir cómo está cambiando su dieta y, con ella, una parte de la red alimentaria del océano Austral.

Un equipo multidisciplinario de investigadores analizó unas 4.000 imágenes satelitales obtenidas por el programa Landsat para estudiar las colonias de pingüinos Adelia durante varias décadas. La investigación, publicada en julio de 2026 en la revista científica Current Biology, encontró que el color del guano observado desde el espacio puede utilizarse para identificar cambios en la alimentación de estas aves.

La clave está en un detalle poco habitual: el color de sus excrementos. Cuando los pingüinos consumen una mayor proporción de kril, pequeños crustáceos fundamentales para el ecosistema antártico, el guano adquiere una tonalidad rosada debido a los restos de su exoesqueleto. Los investigadores desarrollaron modelos que permiten relacionar esa coloración con la proporción de kril presente en la dieta.

Una señal escondida en el hielo

El estudio muestra una relación entre la cantidad de hielo marino y lo que comen los pingüinos. En los lugares y períodos con mayor presencia de hielo, los Adelia tienden a consumir más peces pequeños. Cuando el hielo disminuye, aumenta su dependencia del kril.

La conexión es especialmente relevante porque el hielo marino forma parte de la estructura del ecosistema antártico. El kril depende de las condiciones asociadas al hielo y constituye uno de los principales eslabones entre la producción primaria y los grandes depredadores del océano Austral.

La propia NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) considera a los pingüinos y otras aves marinas indicadores de la salud de los ecosistemas antárticos y mantiene programas de seguimiento que estudian su relación con la disponibilidad de kril y las transformaciones ambientales de la región.

Los Adelia están especialmente vinculados a este sistema. Son depredadores circumpolares que se alimentan en aguas antárticas y utilizan el territorio continental y las islas para reproducirse. En algunas colonias, cientos de miles de ejemplares se concentran durante la temporada reproductiva, generando suficiente guano como para que sus colonias puedan ser identificadas mediante imágenes satelitales.

Menos hielo, más presión sobre las colonias

El cambio en la dieta no es una cuestión menor. El estudio encontró que los polluelos de Adelia suelen ser más pesados cuando reciben peces que cuando su alimentación se basa principalmente en kril. Un mayor peso durante esa etapa está asociado con mejores probabilidades de supervivencia hasta la edad adulta.

Los investigadores también observaron una relación entre las tendencias alimentarias y las poblaciones. En los lugares donde los pingüinos consumieron menos pescado, las colonias mostraron mayores descensos durante las últimas décadas. En cambio, las poblaciones cuya dieta mantuvo una mayor proporción de peces tendieron a ser más estables o incluso a aumentar.

El fenómeno encaja con otras investigaciones que han documentado la sensibilidad de los Adelia a las transformaciones del ambiente antártico. NOAA señala que la disminución del hielo marino ha afectado la disponibilidad de kril y que las modificaciones de la red alimentaria repercuten en distintas especies de depredadores.

La NASA también ha documentado una reducción importante del hielo marino antártico en los últimos años. Después de décadas de variaciones, las disminuciones se hicieron particularmente significativas desde 2016, y varios años recientes han registrado extensiones excepcionalmente bajas.

El kril, una pieza decisiva

El kril puede parecer insignificante por su tamaño, pero ocupa un lugar central en el ecosistema. Estos pequeños crustáceos se alimentan de fitoplancton y algas asociadas al hielo y, a su vez, constituyen una fuente fundamental de alimento para pingüinos, focas, peces y ballenas.

Por eso, cualquier modificación significativa de sus poblaciones o de su distribución puede tener efectos que se propagan por toda la red alimentaria.

A esta presión ambiental se suma la actividad humana. La pesca de kril se concentra en determinadas zonas del océano Austral y puede reducir localmente la disponibilidad de alimento para los depredadores. Investigaciones recopiladas por NOAA han encontrado efectos de esta actividad sobre indicadores como el tamaño de los polluelos, el éxito reproductivo y la duración de los viajes de alimentación de los pingüinos.

El escenario es, por tanto, más complejo que una relación directa entre calentamiento y disminución de una especie. El cambio climático modifica el hielo; el hielo condiciona la disponibilidad y distribución de recursos; otros depredadores compiten por esos recursos y la actividad pesquera puede añadir presión en zonas específicas.

Una ventana hacia un continente remoto

La principal aportación de esta investigación no está únicamente en lo que revela sobre los pingüinos. También demuestra el potencial de los satélites para estudiar cambios ecológicos en lugares donde las expediciones científicas son costosas, complejas y limitadas por las condiciones extremas.

El trabajo reconstruyó la alimentación de los Adelia durante un período de varias décadas utilizando imágenes de Landsat. De esta manera, una señal aparentemente insignificante —el color del guano— se transforma en una herramienta para observar procesos que ocurren bajo la superficie del océano Austral.

La imagen resulta casi paradójica: para conocer lo que está ocurriendo bajo las aguas antárticas, los investigadores miran desde el espacio una señal dejada sobre la tierra.

Los pingüinos Adelia se convierten así en una suerte de especie centinela. Sus cambios de alimentación y población ofrecen pistas sobre transformaciones mucho más amplias en el ecosistema antártico.

En un continente donde buena parte de los cambios ocurren lejos de los ojos humanos, los satélites permiten seguir esas señales a escala continental. Y, esta vez, una de las pistas más reveladoras tiene un inesperado color rosado.

Ver Estudio científico: Current Biology, “Space-based monitoring of penguin diet links sea ice, food webs, and population change”. El trabajo es la fuente primaria del hallazgo y fue publicado el 20 de julio de 2026.

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