La ONU cambia la ecuación: combatir la contaminación también es una inversión

8 septiembre, 2026
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Foto: Alexey Demidov / Pexels

La ONU calcula que cada dólar invertido en combatir conjuntamente el cambio climático y la contaminación atmosférica puede generar 15 dólares en beneficios. En Chile, el exministro Marcelo Mena advierte que la calidad del aire sigue estancada y reclama nuevas medidas para Santiago y otras ciudades.

Por Equipo de Preservar.

Durante años, combatir la contaminación atmosférica y enfrentar el cambio climático han sido tratados como desafíos distintos, con políticas, presupuestos y prioridades separadas. Un nuevo informe de Naciones Unidas plantea cambiar esa lógica: actuar sobre ambos problemas de manera conjunta no solo puede reducir los impactos sobre la salud y el clima, sino que también constituye una inversión económicamente rentable.

El informe “Hidden assets: The economic and health case for climate and clean air action”, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Coalición Clima y Aire Limpio (CCAC), estima que cada dólar invertido en acciones integradas de clima y calidad del aire puede generar alrededor de 15 dólares en beneficios económicos. El cálculo incorpora tanto beneficios de mercado como otros asociados al bienestar, la salud y la reducción de muertes prematuras.

La magnitud del retorno cambia la tradicional discusión sobre el costo de las políticas ambientales. Según el documento, incluso si se excluyen los beneficios no comerciales, las medidas analizadas generan aproximadamente cuatro dólares por cada dólar invertido. El informe advierte además que cada año de retraso supone renunciar a más de 1,5 billones de dólares anuales en beneficios combinados.

“Durante demasiado tiempo, hemos tratado la acción climática como un costo que debía gestionarse y la contaminación atmosférica como una consecuencia desafortunada del desarrollo”, señaló Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA. El informe, sostiene, muestra lo contrario: el aire limpio es un activo para el desarrollo, la salud y la estabilidad climática y requiere inversiones y decisiones coordinadas.

Un problema que también se mide en vidas

El argumento económico se suma a una dimensión sanitaria de enorme magnitud. El PNUMA estima que en 2025 la exposición a la contaminación atmosférica exterior provocada por actividades humanas, principalmente por PM₂,₅ y ozono, estuvo vinculada a 6,4 millones de muertes prematuras en el mundo. La contaminación del aire dentro de los hogares añadió otros dos millones.

El paquete estudiado por Naciones Unidas contempla 25 medidas en sectores como energía, transporte, industria, agricultura, sistemas alimentarios, calefacción residencial y gestión de residuos. Entre ellas figuran la expansión de las energías renovables, la eficiencia energética, sistemas limpios de calefacción y cocina, normas más estrictas para vehículos, electromovilidad y reducción de emisiones de metano y otros contaminantes climáticos de vida corta.

Aplicadas de manera integral, estas políticas podrían reducir a la mitad las emisiones mundiales de dióxido de carbono para 2050, disminuir en un 60% las emisiones de metano y recortar alrededor de un 70% los principales contaminantes atmosféricos. El informe calcula, además, que permitirían evitar aproximadamente 0,34 °C de calentamiento para 2050 y 1,4 °C para finales de siglo.

Santiago: avances que se han detenido

El diagnóstico internacional encuentra un eco particular en Chile. En una entrevista concedida recientemente a 24 Horas de TVN, el exministro del Medio Ambiente y académico Marcelo Mena sostuvo que más de la mitad de los días del invierno de 2026 superaron la norma chilena de calidad del aire. A su juicio, el descenso de los episodios críticos registrado hacia el final del invierno estuvo relacionado principalmente con las mejores condiciones de ventilación provocadas por las lluvias, más que con un fortalecimiento de las medidas de descontaminación.

Mena planteó que el problema de fondo es la falta de actualización del plan de descontaminación de Santiago. Según su diagnóstico, desde 2020 sus indicadores no han mejorado sustancialmente y existen actividades ilegales que siguen desarrollándose con escasa fiscalización, entre ellas el mal uso de leña y la venta de braceros en la capital.

El exministro también cuestionó que la contaminación se haya convertido en un fenómeno parcialmente naturalizado por la ciudadanía. Aunque reconoció que Santiago ha conseguido reducir su contaminación en más de un 80% desde 1990 y en más de un 30% desde la entrada en vigor del plan de descontaminación de 2017, sostuvo que esos avances no deberían ser motivo para relajar las exigencias.

Una de sus principales propuestas apunta al transporte. Mena afirmó que una eventual nueva restricción vehicular debería concentrarse especialmente en los vehículos diésel, que, según los datos que expuso en la entrevista, concentran cerca del 70% de la contaminación de las fuentes móviles livianas pese a representar aproximadamente el 20% del parque considerado. También planteó avanzar hacia zonas de bajas o cero emisiones, siguiendo experiencias internacionales.

La calefacción, otro frente decisivo

La conexión entre contaminación atmosférica y transición energética aparece también en la calefacción residencial. El informe de Naciones Unidas incluye precisamente la sustitución de sistemas contaminantes por alternativas limpias entre las medidas con potencial para producir beneficios simultáneos sobre el clima y la salud.

En Chile, Mena puso el foco especialmente en la combustión de leña. Afirmó que la solución pasa por diversificar las alternativas de calefacción y acelerar el recambio de equipos, junto con mejorar el aislamiento térmico de las viviendas. También destacó la existencia de programas que permiten sustituir calefactores de manera gratuita.

El problema, según el exministro, no puede abordarse únicamente desde la perspectiva del gasto de los hogares. Los costos sanitarios, la pérdida de productividad y las enfermedades asociadas a la contaminación también forman parte de la ecuación económica. “Resolver esto tiene seis veces más beneficios que los costos de implementar”, sostuvo en la entrevista.

Una política que cruza clima, salud y economía

El PNUMA identifica precisamente la fragmentación de las decisiones, la limitada capacidad de fiscalización y la falta de coordinación entre organismos como algunos de los principales obstáculos para aplicar las medidas disponibles. Superar esas barreras, sostiene, podría acelerar la implementación y generar hasta 10 billones de dólares adicionales en beneficios sanitarios de aquí a 2040.

Para Chile, el desafío tiene además una dimensión territorial. Mena recordó que ciudades del sur como Temuco, Osorno y Coyhaique enfrentan problemas especialmente severos asociados a la calefacción a leña, aunque programas de recambio de calefactores y aislamiento térmico han conseguido reducciones importantes de la contaminación en algunas de ellas.

El cambio climático añade una nueva presión. Los incendios forestales pueden trasladar durante el verano parte de la contaminación que las políticas de transporte, industria y calefacción consiguen reducir durante el invierno. Para Mena, la respuesta a ambos problemas converge: calefacción limpia y electrificación basada en energías renovables, junto con transporte eléctrico, pueden contribuir simultáneamente a mejorar el aire y reducir las emisiones responsables del calentamiento global.

El mensaje de Naciones Unidas, en ese sentido, es menos abstracto de lo que podría parecer: limpiar el aire y enfrentar el cambio climático no son dos cuentas separadas. Son parte de una misma inversión, cuyos dividendos se expresan en salud, productividad, menor daño climático y calidad de vida.

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