Océanos alcanzan récord de calor mientras se multiplican los extremos climáticos

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Los océanos registraron en julio las temperaturas superficiales más altas para ese mes, mientras el planeta afronta una sucesión de olas de calor, sequías, incendios, lluvias torrenciales e inundaciones.
Por Equipo de Preservar/ONU Noticias
Julio de 2026 dejó una nueva señal del calentamiento del planeta: la temperatura de la superficie de los océanos alcanzó el nivel más alto registrado para ese mes. El dato coincide con un verano boreal marcado por episodios extremos en distintas partes del mundo, desde olas de calor persistentes y sequías hasta lluvias torrenciales e inundaciones.
Según los datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus difundidos por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), julio fue, empatado con 2024, el segundo julio más cálido registrado a escala global. La temperatura media del planeta se situó 1,47 °C por encima del nivel preindustrial.
El calor tampoco se ha limitado a la superficie terrestre. Durante la primera mitad de 2026, cerca del 82% de los océanos experimentó condiciones de ola de calor marina de distinta intensidad, la segunda mayor extensión observada hasta ahora, solo por detrás de 2024. En julio, las temperaturas fueron especialmente elevadas en amplias zonas del Pacífico tropical, mientras el Atlántico frente a Europa y el Mediterráneo occidental registraron olas de calor marinas fuertes o severas.
Un planeta que parte de una temperatura más alta
Para la OMM, la sucesión de extremos observada durante los últimos meses responde a la combinación de dos factores: el calentamiento de largo plazo provocado por el cambio climático y determinados patrones meteorológicos persistentes.
John Kennedy, responsable de información climática de la organización, explicó que una sucesión de sistemas de altas y bajas presiones se ha mantenido durante semanas en distintas zonas del hemisferio norte. Las altas presiones favorecen condiciones secas y temperaturas elevadas, mientras que las bajas presiones suelen asociarse a ambientes más frescos y húmedos.
El problema es que esos mismos patrones meteorológicos actúan ahora sobre un planeta más cálido. Kennedy comparó la situación con junio de 1976, cuando se produjo una distribución similar de altas y bajas presiones. La diferencia, señaló, es que entonces había algunas zonas excepcionalmente cálidas dentro de un mundo mucho más frío. En 2026 ocurre prácticamente lo contrario: predominan las temperaturas elevadas y quedan menos zonas relativamente frescas.
El calentamiento de fondo está haciendo que los episodios de calor extremo sean más frecuentes, intensos y prolongados y que afecten a superficies cada vez mayores. La OMM advierte que esta tendencia continuará mientras los gases de efecto invernadero sigan acumulándose en la atmósfera.
El océano también intensifica el calor sobre tierra
El mar no es un espectador pasivo. Las temperaturas excepcionalmente altas de las aguas pueden contribuir a reforzar el calor en las zonas costeras. El Mediterráneo y las aguas situadas al oeste de Europa han permanecido extraordinariamente cálidos, aportando un nivel adicional de calentamiento sobre el que actúan los sistemas de altas presiones.
A esto se suma la pérdida de humedad del suelo. Cuando la tierra está húmeda, parte de la energía disponible se emplea en evaporar agua. Cuando se seca, la superficie y el aire pueden calentarse con mayor facilidad. La combinación ayuda a explicar la sucesión de olas de calor que atraviesa Europa occidental, donde algunos países afrontan ya la cuarta desde mayo.
Francia prevé temperaturas superiores a los 35 °C en buena parte de su territorio, mientras Suiza ha emitido alertas por valores similares y el sur de Inglaterra podría alcanzar los 36 °C. También se han registrado temperaturas excepcionales y nuevos récords en Japón, Corea del Sur, otras zonas de Asia, Oriente Medio y América Latina.
Sequía, ríos bajos e incendios
El calor llega, además, a territorios que acumulan meses de déficit de precipitaciones. En Europa occidental, la sequedad registrada desde marzo se ha mantenido o intensificado, con niveles excepcionalmente bajos de lluvia o humedad del suelo en Francia, España, algunas zonas de Alemania y Reino Unido.
Los grandes ríos también acusan la falta de agua. Los caudales del Sena, el Rin y el Danubio se encuentran muy por debajo de lo habitual, con efectos sobre el abastecimiento, el riego, el transporte y la generación de energía. En algunas regiones, el déficit es tan profundo que una tormenta de verano no bastaría para revertirlo.
La combinación de calor y sequedad está alimentando, además, una temporada de incendios especialmente intensa. En Francia, las emisiones asociadas a los incendios durante 2026 son comparables o superiores a las registradas en los años extremos de 2022 y 2023, mientras España también presenta emisiones muy por encima del promedio para esta época. Estados Unidos y Canadá mantienen igualmente numerosos incendios activos.
Del calor extremo a las inundaciones
El mapa climático de este verano no es uniforme. Mientras algunas regiones enfrentan calor y sequía, otras sufren el extremo contrario. Partes de África occidental registran fuertes precipitaciones monzónicas e inundaciones, y existe riesgo de lluvias muy intensas, inundaciones repentinas y deslizamientos en varios países del sur y sudeste asiático.
Para la OMM, esta sucesión de fenómenos extremos refuerza la necesidad de mejorar los pronósticos y los sistemas de alerta temprana, herramientas esenciales para reducir las pérdidas humanas y los impactos económicos.
El Niño suma incertidumbre
El Niño ya está establecido en el Pacífico y suele asociarse a temperaturas globales más elevadas. Sin embargo, la OMM subraya que no existe un vínculo claro entre este fenómeno y el calor que está experimentando Europa occidental durante este verano. Su influencia inmediata se concentra principalmente en el Pacífico tropical y las regiones próximas, mientras que sus efectos sobre Europa suelen hacerse más visibles durante el otoño o el invierno.
El principal telón de fondo del episodio actual sigue siendo, por tanto, el calentamiento provocado por el cambio climático combinado con patrones meteorológicos persistentes. Y el fenómeno de El Niño podría añadir todavía más calor al sistema climático mundial durante los próximos meses: la OMM señala que el máximo de las temperaturas globales asociadas al fenómeno suele producirse después de su propio pico, normalmente entre noviembre y enero.
“Hay muy pocas zonas que no se hayan calentado de manera constante”, resumió Kennedy. Para la OMM, es precisamente la combinación entre ese calentamiento de fondo y los patrones meteorológicos actuales la que está llevando al planeta hacia nuevos extremos.



