Tongoy ofrece pistas sobre cómo podría responder el océano al cambio climático

Foto: Paudurang / Wikipedia
Microfósiles de hasta siete millones de años revelan que la costa de Coquimbo mantuvo una alta productividad marina bajo condiciones climáticas más cálidas.
Por Equipo de Preservar.
El pasado puede convertirse en una herramienta para anticipar el futuro. Un estudio realizado en la península de Tongoy encontró nuevas evidencias sobre cómo funcionaban los ecosistemas marinos en un periodo de la historia de la Tierra con condiciones climáticas más cálidas, aportando pistas sobre la posible respuesta del océano frente al cambio climático.
La investigación reconstruyó las condiciones oceanográficas que existían frente a la actual costa de la Región de Coquimbo hace entre 7,6 y 6 millones de años. Para hacerlo, los científicos analizaron sedimentos ricos en microfósiles marinos de la Quebrada Las Salinas, ubicada a unos 2,5 kilómetros de la línea de costa.
Los resultados, publicados en Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, muestran que Tongoy ya albergaba entonces un sistema marino de elevada productividad. La abundancia de diatomeas y esporas del género Chaetoceros, organismos característicos de aguas frías y ricas en nutrientes, permitió identificar el progresivo fortalecimiento del afloramiento costero que acabaría dando forma a las condiciones que hoy distinguen al Sistema de la Corriente de Humboldt.
El hallazgo resulta especialmente relevante porque las condiciones climáticas de aquel periodo no eran idénticas a las actuales. Los investigadores esperaban encontrar una productividad primaria mucho menor debido a un contexto más subtropical. El registro fósil mostró, sin embargo, que la productividad marina ya podía alcanzar niveles muy altos, aun cuando el Sistema de Humboldt no estaba completamente formado.
Un océano antiguo como laboratorio climático
La importancia del estudio está en que esos millones de años pueden funcionar como una referencia para comprender algunos de los cambios que podrían experimentar los ecosistemas marinos en un planeta más cálido.
Marcelo Rivadeneira, investigador de la Universidad de La Serena y uno de los autores del estudio, explica que el periodo analizado constituye un posible análogo de condiciones climáticas futuras. La reconstrucción permite observar cómo respondió un ecosistema marino cuando las condiciones ambientales eran diferentes a las actuales y utilizar esa información para formular hipótesis sobre su comportamiento frente al calentamiento global.
El resultado más llamativo es que la elevada productividad no desapareció bajo aquellas condiciones. El registro de Tongoy plantea, por tanto, la posibilidad de que un futuro con temperaturas más altas pueda mantener un Sistema de Humboldt productivo, aunque con características distintas a las actuales. Los propios investigadores advierten que se trata de una primera pieza de una investigación mayor y que todavía es necesario estudiar sedimentos de diferentes edades para establecer cuándo se consolidó el sistema de surgencia.
Las diatomeas cumplen en este proceso un papel similar al de pequeños sensores naturales del océano antiguo. Como cada especie está asociada a determinadas condiciones ecológicas, su presencia permite reconstruir variables como la disponibilidad de nutrientes, la intensidad de la surgencia, la productividad biológica y, potencialmente, cambios en la temperatura y la distancia respecto de la costa.
Para obtener una cronología más precisa, el equipo integró información procedente de diatomeas, magnetoestratigrafía y sedimentología. Esta combinación permitió ordenar depósitos que se habían formado en distintos momentos y reconstruir con mayor precisión la evolución de la antigua bahía de Tongoy.
Las preguntas que deja el pasado
El estudio no ofrece una predicción sobre el futuro del océano chileno. Su aporte es otro: proporciona un registro de cómo respondió un ecosistema marino a condiciones ambientales que pueden ayudar a los científicos a interpretar los posibles efectos del cambio climático.
Esa información resulta especialmente relevante para el Sistema de la Corriente de Humboldt, uno de los grandes sistemas de surgencia oceánica del planeta y una pieza fundamental de los ecosistemas marinos de la costa chilena. Conocer cómo se desarrolló permite también comprender mejor qué factores ambientales están detrás de su elevada productividad.
Los investigadores quieren ahora ampliar el registro para determinar con mayor precisión cuándo comenzó a funcionar este sistema hiperproductivo. La búsqueda de sedimentos de distintas edades podría establecer si su origen se remonta a seis, siete o incluso diez millones de años.
También queda abierta otra interrogante relacionada directamente con la evolución del clima: si en aquella época ya existían eventos de El Niño. Los investigadores señalan que algunos modelos climáticos plantean que, en un océano futuro más cálido, estos fenómenos podrían ser más frecuentes o intensos.
Así, los sedimentos de Tongoy permiten mirar hacia atrás para intentar responder una pregunta que apunta en la dirección contraria: qué podría ocurrir con los ecosistemas marinos de la costa chilena a medida que el planeta y los océanos continúen calentándose. En esa búsqueda, los microfósiles se convierten en una suerte de archivo climático capaz de revelar cómo el océano ha respondido antes a un mundo diferente.



