El Himalaya pierde hielo y gana una nueva geografía del desastre

29 agosto, 2026
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Foto: UNICEF

El retroceso de los glaciares y la concentración de población e infraestructuras en zonas bajas aumentan la exposición a inundaciones súbitas y avalanchas en una de las regiones más vulnerables del planeta.

Por Equipo de Preservar/Noticias ONU

El Himalaya se derrite y, con él, cambia la geografía del riesgo. No son solo los glaciares los que retroceden: cada vez más personas, carreteras, hoteles y centrales hidroeléctricas se concentran en los valles por donde pueden descender, casi sin aviso, enormes masas de agua, hielo y escombros.

La magnitud de esa amenaza quedó expuesta tras una catástrofe registrada en la frontera entre Nepal y China. Una ladera situada en lo alto del Himalaya se desplomó y arrastró una enorme masa de hielo y roca hacia el fondo del valle. El fenómeno fue tan intenso que los instrumentos sísmicos lo registraron inicialmente como un evento de magnitud 5,2.

Agua, sedimentos y grandes rocas descendieron después por los ríos, arrasando localidades situadas en una de las principales rutas comerciales entre Nepal y China. En una estación de monitoreo, el nivel del agua aumentó hasta nueve metros en apenas media hora. Para el viernes, el balance reportado superaba los 500 fallecidos y las 1.500 personas desaparecidas.

Para Dipesh Chapagain, investigador climático de la Universidad de las Naciones Unidas, la tragedia confirma una transformación que ha observado tanto desde la ciencia como desde su propia experiencia personal. “Está ocurriendo con mayor frecuencia y con mayor intensidad”, afirmó tras conocer la noticia desde Alemania, donde estudia los riesgos asociados a las regiones montañosas.

Un peligro que se multiplica

Los científicos aún intentan reconstruir la secuencia exacta del desastre. El análisis de imágenes satelitales apunta a que el lecho rocoso situado bajo un glaciar cedió, provocando el desprendimiento de una enorme masa de hielo y roca.

El mecanismo fue distinto al de las inundaciones provocadas por el desbordamiento repentino de lagos glaciares, uno de los fenómenos que más preocupación genera en la región. Una investigación del programa Global Mountain Safeguard analizó 493 inundaciones de este tipo y concluyó que se han vuelto aproximadamente cinco veces más frecuentes desde 1950: de una media de siete por década a 34.

El calentamiento global no ha sido identificado como la causa directa del derrumbe concreto, pero el comunicado advierte que la transformación de los ecosistemas de alta montaña está creando condiciones de creciente inestabilidad. El retroceso de los glaciares, el descongelamiento del permafrost y el aumento del agua de deshielo pueden debilitar laderas que durante décadas permanecieron sostenidas por el hielo.

Las consecuencias, además, trascienden con creces las comunidades situadas en las montañas. La región del Hindu Kush-Himalaya alimenta diez grandes cuencas fluviales de las que dependen unos 2.100 millones de personas para obtener agua, alimentos, energía y medios de vida.

Más personas en el camino del agua

El riesgo, sin embargo, no depende únicamente de lo que ocurre en las cumbres. También ha cambiado la forma en que las personas habitan el territorio.

Chapagain recuerda que, cuando era niño, muchas familias construían sus viviendas en las zonas más elevadas de las laderas y utilizaban los terrenos próximos a los ríos principalmente para la agricultura. Con el paso del tiempo, las carreteras, los negocios, los hoteles y los proyectos hidroeléctricos comenzaron a concentrarse en los valles, donde resulta más fácil construir y desarrollar actividades económicas.

La pérdida de fuentes de agua en algunos asentamientos de mayor altitud ha contribuido también al desplazamiento de población hacia zonas más bajas. El resultado es una convergencia peligrosa: mientras el calentamiento altera las montañas, crece la presencia humana en los mismos corredores naturales por los que descienden las crecidas y los aludes.

El valle afectado por la reciente inundación concentra precisamente centrales hidroeléctricas, puentes, carreteras, hoteles y asentamientos. La catástrofe dañó instalaciones eléctricas e interrumpió conexiones de transporte y comunicaciones.

Cuando la alerta llega demasiado tarde

La tragedia también evidenció otra fragilidad: el escaso margen de tiempo disponible para advertir a las comunidades. Según el investigador, las autoridades se enteraron de la inundación cuando esta ya se aproximaba a la frontera, y las alertas tuvieron que difundirse río abajo mediante mensajes, llamadas telefónicas, redes sociales y alarmas.

Reducir el peligro exige, por tanto, mirar hacia las alturas. El monitoreo permanente de glaciares y laderas inestables, las observaciones satelitales, las estaciones meteorológicas y los medidores de los ríos son parte de una infraestructura de prevención que puede marcar la diferencia entre una evacuación a tiempo y una tragedia.

También exige cooperación entre países. Los glaciares y los ríos no reconocen fronteras, y la información sobre amenazas debe circular con rapidez entre China, Nepal y los territorios situados aguas abajo.

Incluso una reducción drástica de las emisiones no detendría de inmediato la pérdida de hielo: los glaciares continuarán perdiendo masa durante décadas como consecuencia del calentamiento ya incorporado al sistema climático. La humanidad todavía puede decidir cuánto hielo se perderá finalmente, pero dispone de menos control sobre los riesgos del futuro inmediato.

Para las comunidades que viven bajo las grandes montañas del Himalaya, ese futuro ya dejó de ser una advertencia lejana. Llegó con el agua.

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