La ciencia y los bosques nativos buscan frenar la desertificación en Coquimbo

21 agosto, 2026
Flor_del_Chañar

Foto: Arianza1 / Wikipedia

Un programa de la UTEM apuesta por restaurar suelos degradados del Limarí mediante mil árboles nativos, viveros tecnificados y biotecnología, con participación de comunidades rurales y estudiantes.

Por Equipo de Preservar.

La desertificación avanza sobre los territorios rurales de Coquimbo y recuperar el suelo exige algo más que plantar árboles. En el Limarí, un programa académico busca combinar restauración del bosque nativo, ciencia y conocimiento local para recuperar ecosistemas degradados y, al mismo tiempo, apoyar la producción sustentable de las comunidades agrícolas.

La iniciativa, denominada “Transferencia piloto de reforestación con recuperación de suelos, producción de forraje”, es desarrollada por la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM) y financiada con $300 millones por el Gobierno Regional de Coquimbo a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR). El proyecto contempla la construcción de tres viveros tecnificados en sectores rurales de Paihuano, Andacollo y Ovalle.

En tres predios piloto, que en conjunto abarcan tres hectáreas, se plantarán mil árboles nativos, entre ellos chañares, algarrobos y atriplex. La apuesta es desarrollar un modelo agroforestal que permita recuperar terrenos erosionados sin desvincular la conservación de la actividad productiva local, especialmente de la ganadería caprina.

El proyecto cuenta con la colaboración del Instituto Forestal (Infor), la Corporación Nacional Forestal (Conaf) y comunidades agrícolas de la región. Entre sus beneficiarios directos están la Comunidad Estero Derecho, la Comunidad La Caldera y Damas y la Asociación Gremial de Comunidades Agrícolas de la Provincia del Limarí.

Recuperar el suelo antes de que sea demasiado tarde

La propuesta parte de una idea central: la restauración ecológica puede ir de la mano con las necesidades de quienes habitan y trabajan estos territorios. El modelo busca generar beneficios ambientales, productivos y sociales, incorporando además un componente educativo que alcanzará a más de 300 estudiantes de escuelas rurales de la región.

Los escolares participarán en talleres, actividades de educación ambiental y visitas guiadas sobre restauración ecológica y cuidado del entorno. La intención es que la recuperación de los ecosistemas no quede restringida al ámbito científico, sino que se convierta también en un proceso de aprendizaje y participación comunitaria.

“Este proyecto genera una transferencia tecnológica del conocimiento para acompañar a las personas, desde los niños a través de talleres, hasta las organizaciones sociales, recogiendo también el conocimiento local para construir una comprensión integral del territorio”, señala Andrés Sepúlveda Peñaloza, director del Centro de Facultad de Ciencias Naturales, Matemática y del Medio Ambiente de la UTEM.

Para Luis Pouchucq Marinkovic, académico del Departamento de Biotecnología de la UTEM y director del proyecto, la iniciativa combina investigación científica, trabajo colaborativo y participación comunitaria para enfrentar uno de los principales desafíos ambientales de la región.

Biotecnología para recuperar ecosistemas degradados

Uno de los elementos diferenciadores del programa es el uso de herramientas biotecnológicas para aumentar la supervivencia de las especies forestales y favorecer la recuperación de los ecosistemas. El trabajo se concentrará especialmente en el chañar y el algarrobo, árboles nativos que formaron parte del paisaje regional y presentan características favorables para la restauración de suelos.

La investigación analizará las bacterias beneficiosas presentes en la rizósfera de estas especies. Según Constanza Morales Neghme, académica del Departamento de Biotecnología de la UTEM, algunas de estas asociaciones bacterianas pueden fijar nitrógeno y promover el crecimiento vegetal, contribuyendo a mejorar la calidad del suelo.

El proyecto también contempla analizar genéticamente mediante técnicas de biología molecular al 10% de los ejemplares. El objetivo es resguardar la diversidad genética de las plantaciones y aumentar su resiliencia frente al cambio climático.

La dimensión territorial resulta igualmente relevante. Para Mirtha Gallardo Saavedra, presidenta de la Asociación Gremial de Comunidades Agrícolas de la Provincia del Limarí, el programa representa una alianza entre academia, instituciones públicas y comunidades rurales.

Durante los próximos meses continuará la habilitación de los viveros, junto con las jornadas de plantación, el monitoreo científico de los suelos y las actividades de educación ambiental. La meta es consolidar un modelo de restauración ecológica que ayude a enfrentar la desertificación y fortalezca el desarrollo sustentable de las comunidades rurales de Coquimbo.

Más que una campaña de reforestación, el programa plantea una intervención sobre el territorio en la que árboles nativos, microorganismos, ciencia y conocimiento campesino buscan reconstruir las condiciones que permiten que el suelo vuelva a sostener vida y actividad productiva.

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