La Cámara da un paso para prohibir las carreras de galgos en Chile

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La iniciativa fue aprobada en general por 80 votos y continuará su tramitación en el Congreso. El debate vuelve a enfrentar dos visiones sobre el bienestar animal: prohibir una práctica considerada intrínsecamente dañina o regularla para evitar que opere fuera de control.
Por Equipo de Preservar/Agencias.
La Cámara de Diputadas y Diputados avanzó en la tramitación de un proyecto que busca prohibir las carreras de perros en Chile. El proyecto que modifica la Ley de Tenencia Responsable para prohibir y sancionar las carreras de perros fue aprobado en general, con 80 votos a favor, 41 en contra y siete abstenciones, y continuará ahora su tramitación legislativa.
La iniciativa busca prohibir las carreras de perros cualquiera sea su raza. El proyecto establece además sanciones para quienes las organicen o participen en ellas, así como para quienes las promuevan, faciliten o difundan. La Comisión de Medio Ambiente de la Cámara ya había aprobado la iniciativa en 2025 y había propuesto, entre otras medidas, el rescate y reubicación de los animales utilizados en estas competencias.
El debate no es nuevo. La legislación chilena ya establece obligaciones de cuidado y protección hacia los animales, pero la discusión sobre las carreras de perros ha expuesto una tensión más profunda: si una actividad que utiliza animales puede considerarse compatible con los estándares actuales de bienestar animal simplemente mediante una regulación más estricta.
Una práctica bajo cuestionamiento
Los antecedentes discutidos en la Comisión de Medio Ambiente apuntan a problemas que van desde las condiciones de crianza y entrenamiento hasta las lesiones, el descarte de animales y el uso de sustancias para aumentar el rendimiento. El informe parlamentario también recoge antecedentes sobre apuestas asociadas a estas carreras y advierte que algunas competencias se desarrollan de manera clandestina, sin supervisión oficial ni atención veterinaria.
La propuesta aprobada busca precisamente cerrar ese espacio. El proyecto sostiene que las carreras constituyen una forma de explotación incompatible con el espíritu de la Ley de Tenencia Responsable y plantea que la respuesta no debe limitarse a sancionar episodios individuales de maltrato, sino impedir la propia actividad.
La académica Cecilia Echeverría, decana de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad del Alba, considera que la votación abre, además, una discusión más amplia sobre la legislación chilena. A su juicio, el país debería avanzar en el reconocimiento jurídico de los animales como seres sintientes, actualizar la Ley 21.020 y fortalecer el reconocimiento de los médicos veterinarios dentro del Código Sanitario. “No solamente es eliminar el hecho particular de las carreras de galgo, sino abrir estos tres flancos”, plantea Echeverría.
Qué sostienen quienes defienden las carreras
Los partidarios de mantener la actividad plantean una respuesta diferente. En las audiencias de la Cámara, Christian Larenas Dublas, presidente de la Corporación Greyhound Pista Chile, sostuvo que correr detrás de un señuelo no constituye maltrato animal y afirmó que la actividad puede desarrollarse bajo criterios de bienestar. También cuestionó la experiencia de países que han optado por prohibirla, argumentando que la actividad puede continuar de forma clandestina y sin controles.
En esa misma línea, antecedentes parlamentarios han defendido la posibilidad de establecer requisitos de bienestar animal, prohibir las apuestas y sancionar cualquier forma de maltrato en lugar de eliminar las carreras. Un documento incorporado a la discusión legislativa sostiene que la actividad podría permitirse si cumple condiciones estrictas y reivindica su carácter de tradición vinculada al mundo rural.
El argumento merece, sin embargo, una revisión crítica. Regular una actividad no garantiza por sí mismo que las condiciones exigidas por la ley se cumplan, especialmente cuando el propio debate parlamentario ha identificado problemas de clandestinidad, falta de supervisión y dificultades para obtener información sobre las competencias.
También existe una segunda dificultad: presentar las carreras como una tradición no resuelve la cuestión central que enfrenta el legislador. La pregunta ya no es únicamente si una práctica tiene arraigo social, sino si ese arraigo puede justificar una actividad cuando existen antecedentes de sufrimiento, lesiones, descarte y uso de sustancias denunciados durante la discusión parlamentaria. El propio marco jurídico chileno ha evolucionado hacia mayores estándares de protección animal.
La defensa de una regulación, por tanto, tendría que demostrar algo más que la existencia de responsables que cuidan adecuadamente a sus animales: debería acreditar que el sistema puede prevenir de manera efectiva los abusos que la fiscalización actual no ha conseguido impedir. Ese es precisamente uno de los puntos que separa a quienes piden una regulación de quienes consideran que la prohibición es la única vía coherente con el bienestar animal.El debate que viene
La votación de la Cámara no pone fin al conflicto. El proyecto continuará su recorrido legislativo y deberá ser discutido en las siguientes etapas antes de convertirse eventualmente en ley.
La controversia, mientras tanto, ya ha dejado una cuestión sobre la mesa que excede a las carreras de galgos: qué lugar deben ocupar los animales en una legislación que todavía los considera bienes muebles en el Código Civil, pero que progresivamente ha incorporado obligaciones de protección y bienestar.
Para Echeverría, la respuesta pasa por dejar atrás una legislación que reaccione únicamente frente a casos concretos y avanzar hacia una política integral de bienestar animal, con prevención, educación y responsabilidad.
La votación sobre los galgos puede ser, en ese sentido, algo más que una decisión sobre una pista de carreras. Puede convertirse en otro capítulo de una discusión que Chile todavía tiene pendiente: hasta dónde llega la protección que la sociedad está dispuesta a otorgar a los animales y qué actividades dejarán de considerarse aceptables a medida que ese estándar cambie.



