La acuicultura bate récords, pero crecen las alertas sobre el océano

Foto: Ali Düzdemir / Pexels
La producción mundial de pesca y acuicultura alcanzó un máximo histórico en 2024. América Latina consolida su papel como potencia exportadora, aunque persisten desafíos en consumo local, empleo y sostenibilidad.
Por Equipo de Preservar/ ONU Noticias
La producción mundial de alimentos de origen acuático alcanzó en 2024 un récord histórico que confirma un cambio profundo en la forma en que el planeta se alimenta. Según el informe SOFIA 2026 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), presentado esta semana en la Conferencia Nuestro Océano de Kenia, la pesca y la acuicultura sumaron 235 millones de toneladas, impulsadas principalmente por el crecimiento sostenido de la crianza de especies acuáticas.
Por primera vez, la acuicultura superó la barrera de los 100 millones de toneladas de animales acuáticos producidos, alcanzando los 103 millones. Si se incluyen las algas, la cifra asciende a 141 millones de toneladas. El valor económico de esta actividad alcanzó los 391.000 millones de dólares, consolidándola como uno de los sectores alimentarios de mayor expansión en las últimas décadas.
La FAO destaca que el 89% de los animales acuáticos producidos se destinan al consumo humano y que estos alimentos aportan al menos una quinta parte de la proteína animal consumida por 3.100 millones de personas en el mundo. El dato refleja el creciente protagonismo de pescados, mariscos y otros productos acuáticos en la seguridad alimentaria global.
La expansión de la acuicultura también revela un cambio estructural. Mientras la pesca de captura se mantiene relativamente estable desde finales de los años ochenta, con alrededor de 92 millones de toneladas anuales, prácticamente todo el crecimiento de la producción acuática mundial proviene de sistemas de cultivo.
América Latina fortalece su liderazgo exportador
En este escenario, América Latina y el Caribe se consolidan como uno de los grandes proveedores mundiales de productos del mar. La región registró en 2024 un superávit comercial de 21.000 millones de dólares, tras exportar productos acuáticos por 27.000 millones e importar apenas 6.000 millones.
Las exportaciones regionales, que representan el 15% del comercio mundial del sector, se apoyan principalmente en tres pilares: la anchoveta capturada en Perú y Chile para la producción de harina y aceite de pescado, el camarón cultivado en Ecuador y el salmón producido en Chile.
La región aporta además el 9% de toda la producción mundial de animales acuáticos. Gran parte de ese volumen proviene de la pesca de captura, actividad en la que América Latina ocupa el segundo lugar global, solo detrás de Asia. Perú lidera la producción regional con 5,7 millones de toneladas y figura entre los principales productores del planeta, mientras que Chile se posiciona como el segundo productor latinoamericano y el décimo a nivel mundial.
Sin embargo, el éxito exportador contrasta con una realidad menos favorable para el consumo interno. A pesar de su enorme capacidad productiva, la disponibilidad de alimentos de origen acuático en la región se mantiene muy por debajo del promedio mundial. En 2023 alcanzó apenas 10,1 kilos por persona al año, menos de la mitad de los 21,1 kilos registrados a nivel global.
La paradoja revela una de las tensiones históricas del sector: regiones que abastecen a los mercados internacionales mientras mantienen niveles relativamente bajos de consumo local de productos con alto valor nutricional.
El informe también subraya la importancia social de la actividad. Más de 65 millones de personas trabajan en la pesca y la acuicultura en todo el mundo, de las cuales 3,2 millones se encuentran en América Latina y el Caribe. La pesca artesanal sigue siendo una fuente clave de empleo, alimentación y desarrollo económico para numerosas comunidades costeras e insulares.
Pero el crecimiento del sector enfrenta límites cada vez más evidentes. La FAO advierte que el cambio climático, la degradación de los ecosistemas marinos, las crisis económicas y las tensiones geopolíticas están ejerciendo una presión creciente sobre los océanos y las aguas continentales.
Las proyecciones indican que la producción mundial de animales acuáticos seguirá aumentando hasta 2034, con un crecimiento estimado del 8%, impulsado principalmente por la acuicultura. Sin embargo, en escenarios de altas emisiones de gases de efecto invernadero, la biomasa de peces explotables podría disminuir más de un 10% hacia 2050 en diversas regiones del mundo.
La advertencia atraviesa todo el informe: la expansión de la producción no garantiza por sí sola la sostenibilidad de los recursos. Como señala el director general de la FAO, Qu Dongyu, en el prólogo del documento, “un planeta sano requiere un océano sano y aguas continentales sanas”. En otras palabras, el desafío ya no es únicamente producir más alimentos, sino hacerlo sin comprometer los ecosistemas de los que depende su existencia futura.



