Avellano europeo busca crecer con menos pesticidas y más ciencia

Foto: Mikhail Nilov / Pexels
Un seminario de INIA Quilamapu reunió a productores y asesores para compartir avances en nutrición, sanidad y manejo sustentable de un cultivo que ya supera las 64 mil hectáreas plantadas en Chile.
Por Equipo de Preservar
El avellano europeo vive uno de los momentos de mayor expansión en la agricultura chilena. Con una superficie estimada de 64 mil hectáreas para 2026, este cultivo destinado principalmente a la industria chocolatera internacional enfrenta el desafío de aumentar su productividad sin comprometer la sustentabilidad de los huertos.
Con ese objetivo, más de un centenar de productores y asesores técnicos participaron en Chillán del seminario “Avances en el manejo del cultivo del avellano europeo”, organizado por INIA Quilamapu. La actividad permitió dar a conocer investigaciones recientes sobre fertilización, manejo de suelos, control de plagas y enfermedades, además de aspectos fisiológicos relacionados con el rendimiento de las plantaciones.
Durante la apertura, el director regional de INIA Quilamapu, Rodrigo Avilés, destacó el rol que ha desempeñado la institución en el desarrollo de esta especie desde fines de los años noventa. Según señaló, la generación y transferencia de conocimientos ha sido clave para la consolidación de huertos en la zona centro-sur del país.
El investigador y coordinador del seminario, Juan Hirzel, explicó que el crecimiento del sector ha estado acompañado por una evolución técnica significativa. La incorporación de nuevas variedades, cambios en los sistemas de plantación y una mejor comprensión de factores como la poda, el manejo de la luz y la regulación de la carga productiva han contribuido a mejorar el desempeño de los huertos.
Hacia una producción más sustentable
Uno de los temas centrales fue la búsqueda de alternativas para reducir la dependencia de insumos convencionales. Hirzel destacó que actualmente existen herramientas complementarias a la fertilización tradicional, como los bioestimulantes, además de programas de manejo basados en análisis de suelo y diagnósticos nutricionales desarrollados en Chile.
En materia sanitaria, los especialistas abordaron el avance de estrategias biológicas para el control de insectos. El uso creciente de controladores naturales y técnicas combinadas está permitiendo disminuir la aplicación de pesticidas y avanzar hacia sistemas productivos más sustentables.
La fitopatóloga Daina Grinbergs alertó sobre el impacto de enfermedades causadas por hongos de la madera, entre ellos Chondrostereum purpureum, conocido como “plateado de los frutales”. La investigadora explicó que, en algunos casos, las pérdidas de rendimiento pueden alcanzar niveles significativos, afectando directamente la rentabilidad de los productores.
Frente a este escenario, los expertos coincidieron en que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. El uso de plantas sanas, la correcta planificación de las podas y la eliminación de material infectado aparecen como medidas fundamentales para reducir riesgos.
Por su parte, el especialista Kristopher Ogass enfatizó la necesidad de equilibrar el crecimiento vegetativo y reproductivo de los huertos para mantener rendimientos elevados de manera sostenida. A ello se suma la importancia de conservar la calidad física del suelo y favorecer su actividad biológica.
El desafío también alcanza al manejo de plagas. El investigador Luis Devotto señaló que la rápida expansión territorial del cultivo ha generado nuevas brechas de conocimiento, lo que todavía mantiene una fuerte dependencia de insecticidas. A su juicio, el sector se encuentra en una etapa inicial de implementación de estrategias de manejo integrado, un aspecto que podría cobrar mayor relevancia en el futuro, especialmente en el contexto de la aplicación de la Ley Apícola.
La expansión del avellano europeo confirma su importancia creciente dentro de la fruticultura chilena. Sin embargo, los especialistas coinciden en que el próximo salto productivo dependerá menos de aumentar la superficie cultivada y más de incorporar conocimiento científico que permita producir más, con menor impacto ambiental y una mayor resiliencia frente a los desafíos sanitarios.



