Electromovilidad en Chile: crecimiento acelerado y un desafío de masificación

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El mercado chileno de vehículos enchufables todavía representa una fracción del total, pero el fuerte aumento de las ventas y la expansión de la infraestructura de carga muestran que el país entra en una etapa decisiva para la movilidad eléctrica.
Por Equipo de Preservar.
La electromovilidad avanza en Chile, aunque todavía está lejos de convertirse en una opción masiva. Según datos de Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC), el país cerró 2025 con un crecimiento de 85,6% en las ventas de vehículos de cero y bajas emisiones, hasta alcanzar las 35.443 unidades comercializadas. Al mismo tiempo, la participación de los vehículos enchufables llegó al 2,8% del mercado automotor.
Las cifras de muestran un mercado en expansión, pero también la distancia que todavía separa a Chile de los países donde la movilidad eléctrica comienza a dominar las ventas. En China, los vehículos electrificados alcanzaron una penetración de 49,4% en 2025, mientras que en Europa los vehículos enchufables —BEV y PHEV— representaron el 28% del mercado, según los antecedentes recogidos por Global EV Outlook 2026 .
Para Chile, el desafío ya no pasa únicamente por aumentar la oferta de vehículos eléctricos. La consolidación de esta tecnología depende también de la infraestructura de carga, el marco regulatorio y la capacidad de avanzar hacia una cadena de suministro más eficiente y compatible con los objetivos ambientales.
Una infraestructura que crece
Uno de los principales cambios se produjo en la red de carga pública. Durante 2025, Chile alcanzó 2.088 puntos de carga, mientras que los cargadores rápidos de corriente continua (DC) aumentaron de 60 a 290, un crecimiento de 383%.
El despliegue también comenzó a extenderse fuera de Santiago. La Región de Valparaíso registró un aumento de 257% en conectores CCS Tipo 2, mientras que la Región Metropolitana creció 130%. En la Ruta 5 Sur, los puntos de carga aumentaron 60%, hasta alcanzar 86.
La expansión resulta especialmente relevante para superar una de las principales barreras de la electromovilidad: la posibilidad de realizar viajes de mayor distancia sin que la autonomía y disponibilidad de cargadores se conviertan en un obstáculo.
A esta infraestructura se suma la denominada “patente verde”, establecida mediante el Decreto 114/2025, cuyo su objetivo no es únicamente identificar visualmente a los vehículos eléctricos, sino también facilitar su reconocimiento por parte de los servicios de emergencia y permitir eventuales beneficios asociados.
Una ventaja que aparece durante la vida útil
La comparación entre un vehículo eléctrico y uno de combustión requiere considerar todo su ciclo de vida. Aunque los vehículos eléctricos parten con una mayor huella asociada a su producción, presentan una ventaja significativa en eficiencia energética durante su funcionamiento.
Mientras un vehículo de combustión utiliza entre 16% y 25% de la energía para generar movimiento, el rango señalado para un vehículo eléctrico se sitúa entre 87% y 91%.
El documento utiliza además como referencia un ahorro de emisiones de entre 70% y 77% para vehículos eléctricos en matrices eléctricas descarbonizadas. La magnitud de este beneficio, por tanto, está vinculada también a cómo evoluciona la generación eléctrica.
La transición energética del transporte y la descarbonización del sistema eléctrico aparecen así estrechamente relacionadas: cuanto más limpia sea la electricidad utilizada para cargar los vehículos, mayor será el potencial ambiental de la electromovilidad.
Baterías y economía circular
El siguiente desafío es qué ocurre con las baterías cuando dejan de cumplir su función en los vehículos.
El anteproyecto de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) para baterías plantea una implementación gradual de metas para las baterías de ion-litio. Después de un periodo inicial de dos años sin metas porcentuales, se establece una meta de valorización de 15% al tercer año, que aumentaría progresivamente hasta alcanzar 50% al décimo.
Una parte relevante de esta propuesta es que 30% de la meta asociada a las baterías de litio debería cumplirse mediante reutilización o “segunda vida”. El objetivo es extender el uso de estos componentes, por ejemplo, en sistemas de almacenamiento estacionario, antes de llegar a su reciclaje.
La medida conecta la electromovilidad con otro de los grandes desafíos de la transición energética: construir cadenas de economía circular capaces de reducir los residuos y aprovechar durante más tiempo los materiales utilizados en las nuevas tecnologías.
Chile ante una etapa decisiva
El crecimiento registrado durante 2025 sitúa a Chile en un punto de inflexión. El mercado de vehículos eléctricos todavía representa una proporción reducida del total, pero el aumento de las ventas y de la infraestructura muestra que la tecnología ha comenzado a dejar atrás su condición de nicho.
ANAC proyecta para 2026 ventas de 12.000 vehículos enchufables, equivalentes a una participación de 3,8% del mercado.
La cifra, sin embargo, también evidencia la magnitud del desafío. La masificación de la electromovilidad requerirá no solo más modelos y puntos de carga, sino políticas que permitan ampliar el acceso y reducir las barreras económicas y territoriales.
Chile tiene una posición singular en esta transición: es proveedor de una de las materias primas centrales para las baterías y, al mismo tiempo, busca desarrollar un mercado interno de movilidad eléctrica. El desafío será conseguir que ambas dimensiones avancen bajo estándares ambientales exigentes y con una infraestructura capaz de acompañar el crecimiento.
El Día Internacional del Vehículo Eléctrico encuentra así al país en una etapa de transición: todavía lejos de los niveles de adopción de China o Europa, pero con señales concretas de que la movilidad eléctrica comienza a adquirir una escala mayor.



