Dar una segunda vida a los residuos electrónicos en Chile

Cada año crece el volumen de celulares, computadores y electrodomésticos desechados. La reutilización de materiales y la economía circular aparecen como claves para reducir el impacto ambiental de uno de los residuos más complejos del planeta.
Por Equipo de Preservar/Agencias
El reciclaje dejó hace tiempo de limitarse al papel, el vidrio o las botellas plásticas. En Chile —como en buena parte del mundo— el desafío más complejo está hoy en los aparatos electrónicos que se acumulan en hogares, oficinas y bodegas: celulares obsoletos, cargadores en desuso, computadores antiguos y pequeños electrodomésticos que terminan, muchas veces, en vertederos o rellenos sanitarios.
La magnitud del problema crece a ritmo acelerado. Según el Global E-waste Monitor 2024 de Naciones Unidas, en 2022 el mundo generó 62 millones de toneladas de residuos electrónicos y la cifra podría alcanzar los 82 millones hacia 2030. El informe advierte, además, que solo una parte menor de esos desechos es reciclada de manera formal, pese a que contienen materiales valiosos que podrían reincorporarse a nuevos procesos productivos.
En Chile, la entrada en vigencia de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) ha comenzado a empujar cambios en la gestión de estos residuos, en paralelo al aumento sostenido del consumo tecnológico. Sin embargo, especialistas coinciden en que el principal desafío sigue siendo ampliar la infraestructura de reciclaje y fomentar modelos de reutilización que permitan extender la vida útil de los materiales.
“Hoy el desafío no es solo reciclar, sino repensar cómo diseñamos, utilizamos y recuperamos los materiales presentes en los equipos eléctricos y electrónicos”, afirma Ignacio Ugalde, director de Power Systems en Schneider Electric. “La economía circular permite disminuir residuos y reducir la presión sobre materias primas vírgenes”, añade.
La lógica de la economía circular comienza a instalarse también en la industria. Empresas vinculadas al sector energético y tecnológico han incorporado criterios de reutilización y valorización de residuos en sus procesos productivos. Es el caso de Schneider Electric, que anunció metas para aumentar el contenido de materiales sostenibles en sus productos y reducir el uso de plásticos de un solo uso en embalajes.
En Santiago, la compañía asegura haber reutilizado más de 230 toneladas de resinas plásticas recicladas —incluido nylon proveniente de redes de pesca chilenas— en la fabricación de productos eléctricos. La operación local también alcanzó un 99% de valorización de residuos, evitando su disposición final en rellenos sanitarios.
Más allá de las metas corporativas, el problema de la basura electrónica se ha convertido en una de las mayores tensiones ambientales de la era digital. Los dispositivos contienen cobre, aluminio y otros componentes reutilizables, pero también elementos contaminantes cuya disposición inadecuada puede afectar suelos y aguas.
Para los expertos, el avance hacia modelos productivos más sostenibles dependerá no solo de regulaciones, sino también de cambios culturales en consumidores e industrias. “Cuando estos residuos se gestionan adecuadamente, no solo se reduce el impacto ambiental, sino que también se generan oportunidades para una industria más eficiente y sostenible”, sostiene Ugalde.



