Anteojos hechos con colillas: la apuesta chilena contra la contaminación

Una innovación desarrollada en Valparaíso convierte filtros de cigarro desechados en anteojos de alta gama, demostrando que incluso los residuos más difíciles pueden reincorporarse a la economía circular.
Por Equipo de Preservar/Agencias
Cada año, miles de millones de colillas de cigarro terminan abandonadas en calles, playas y espacios naturales de todo el mundo. Consideradas uno de los residuos más persistentes y contaminantes del planeta, contienen sustancias tóxicas capaces de permanecer durante años en ecosistemas terrestres y marinos. Frente a este problema, una innovación chilena busca transformar un desecho históricamente asociado a la contaminación en un recurso con valor económico y ambiental.
La iniciativa nace de la colaboración entre la empresa científica IMEKO, con sede en Valparaíso, y la marca de diseño sustentable Karün. Juntas desarrollaron una colección de anteojos fabricados con Celion®, un material obtenido a partir del reciclaje de filtros de cigarro.
La tecnología permite recuperar el acetato de celulosa presente en las colillas, eliminar los compuestos tóxicos asociados a este residuo y transformarlo en una nueva materia prima apta para aplicaciones industriales. El avance representa un paso relevante en la búsqueda de soluciones para residuos complejos que, hasta ahora, tenían escasas alternativas de valorización.
“Las colillas son uno de los residuos más complejos y persistentes que encontramos en el medio ambiente. Nuestro objetivo ha sido demostrar que, mediante ciencia e innovación, es posible reincorporar este material a la economía circular y evitar que termine contaminando ecosistemas”, señalaron desde el equipo de Karün.
La primera aplicación comercial de esta tecnología se materializó en una nueva versión de Pingüino, uno de los modelos más emblemáticos de la marca. Inspirado en las especies marinas de la Patagonia chilena, el diseño incorpora ahora material proveniente de colillas recicladas, reforzando el vínculo entre innovación, conservación y economía circular.
El proyecto cobra especial relevancia en un contexto marcado por la creciente preocupación por la contaminación de océanos y ecosistemas costeros. Las colillas figuran entre los residuos más frecuentes encontrados en jornadas de limpieza de playas y borde costero, tanto en Chile como en otros países.
Según datos entregados por las compañías, la iniciativa ya ha permitido evitar la emisión de 37,26 kilos de dióxido de carbono (CO₂), retirar 956 gramos de sustancias tóxicas del medioambiente y proteger más de 360.000 litros de agua de potencial contaminación.
Más allá de los resultados ambientales inmediatos, la experiencia abre una discusión sobre el potencial de la innovación para abordar residuos que tradicionalmente quedaban fuera de los circuitos de reciclaje. En un escenario donde la economía circular busca ampliar sus fronteras, proyectos como este muestran que la transformación de los desechos más problemáticos también puede convertirse en una oportunidad para generar valor y reducir el impacto ambiental.



