La crisis en Irán: ¿puede el petróleo acelerar su propio reemplazo?

19 junio, 2026
Carguero-petrolero

Foto: Rafid Sahrear / Pexels

La crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio vuelve a poner en el centro del debate la seguridad energética. Analistas y organismos internacionales advierten que la volatilidad de los combustibles fósiles podría terminar impulsando, paradójicamente, la transición hacia energías más limpias.

Por Equipo de Preservar

Cuando el estrecho de Ormuz se convirtió nuevamente en un foco de tensión geopolítica, los mercados reaccionaron como lo han hecho durante décadas: con alzas en los precios del petróleo y el gas. Sin embargo, detrás de la incertidumbre económica emerge una tesis cada vez más compartida por expertos en energía: las crisis vinculadas a los combustibles fósiles pueden transformarse en catalizadores de la transición energética.

La idea reaparece con fuerza en una reciente columna de la analista italiana Nathalie Tocci, investigadora principal del Instituto de Políticas Europeas de la Universidad Bocconi.  Allí sostiene que la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha expuesto la fragilidad de un sistema energético dependiente de corredores estratégicos como el estrecho de Ormuz, por donde circula 20% del petróleo mundial. Para Tocci, la crisis no solo ha generado costos económicos inmediatos para Europa, sino que también está obligando a gobiernos y empresas a replantear sus estrategias energéticas y de seguridad.

La reflexión no surge en el vacío. Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, Europa aceleró la diversificación de sus fuentes energéticas y multiplicó las inversiones en energías renovables. Ahora, la nueva inestabilidad en Oriente Medio parece reforzar esa tendencia.

Seguridad energética antes que clima

Uno de los argumentos más repetidos entre especialistas es que la transición energética ya no avanza únicamente por razones climáticas. También lo hace por motivos de seguridad nacional.

Un análisis del Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia señala que la guerra con Irán llega en un momento especialmente delicado para Europa, todavía afectada por las secuelas de la crisis energética provocada por la guerra en Ucrania. La combinación de conflictos geopolíticos y dependencia de combustibles importados estaría fortaleciendo los argumentos a favor de una mayor electrificación y del despliegue de energías renovables locales.

La propia Agencia Internacional de Energía (AIE) ha planteado una lógica similar. En un informe reciente sobre Asia Sudoriental, el organismo advirtió que la vulnerabilidad de las rutas petroleras y gasíferas está impulsando inversiones en energía solar, vehículos eléctricos, redes eléctricas y otras alternativas que reduzcan la exposición a futuras crisis.

En países como Filipinas, el aumento de los costos energéticos derivado del conflicto ya está favoreciendo una rápida expansión de proyectos solares. La AIE describe el fenómeno como una respuesta directa a la inseguridad de los mercados fósiles.

Una tesis con antecedentes históricos

La relación entre crisis petroleras y transición energética no es nueva. El embargo petrolero árabe de 1973 impulsó mejoras masivas en eficiencia energética y diversificación de fuentes en Europa, Japón y Estados Unidos.

Hoy varios analistas observan un patrón similar. Un editorial reciente del diario económico Economic Times sostiene que los países importadores de energía tenderán a reforzar las inversiones en renovables precisamente para reducir la exposición a conflictos geopolíticos y a las oscilaciones del precio del crudo.

Incluso los mercados financieros parecen estar reaccionando en esa dirección. Datos de BBVA Research muestran un aumento significativo de los flujos hacia fondos ligados a energías renovables, impulsados más por preocupaciones sobre seguridad energética que por políticas climáticas.

No todo es una ventaja para las renovables

Sin embargo, la relación no es lineal. Algunos expertos advierten que los conflictos también pueden favorecer temporalmente a los combustibles fósiles.

El investigador Ira Joseph, Senior Research Associate del Center on Global Energy Policy de Columbia, señaló recientemente que las interrupciones en el suministro de gas natural licuado han llevado a varios países asiáticos a aumentar el uso de carbón para garantizar el abastecimiento eléctrico. En el corto plazo, las crisis energéticas suelen generar una búsqueda urgente de cualquier fuente disponible, incluso las más contaminantes.

La diferencia aparece en horizontes más largos. Cuando gobiernos, empresas y consumidores incorporan el costo económico de la dependencia petrolera, las inversiones en eficiencia energética, electrificación y energías renovables comienzan a ganar atractivo estructural.

El petróleo como riesgo estratégico

Más allá de las consecuencias inmediatas del conflicto, la discusión parece haber cambiado de eje. Durante años la transición energética fue presentada principalmente como una herramienta para reducir emisiones. Hoy, cada vez más gobiernos la consideran también una forma de disminuir riesgos geopolíticos.

La paradoja es evidente: los conflictos asociados al petróleo podrían terminar acelerando el abandono gradual del propio petróleo.

Si la tesis de Tocci y de otros especialistas resulta correcta, la principal herencia de la crisis en Irán no será únicamente una nueva sacudida en los mercados energéticos. También podría ser una renovada convicción de que la seguridad energética del siglo XXI dependerá menos de proteger rutas petroleras y más de construir sistemas capaces de funcionar sin ellas.

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