UTEM desarrolla paneles con hongos para reemplazar el plumavit

13 agosto, 2026
Micelios_CP

Un equipo de la Universidad Tecnológica Metropolitana trabaja en un aislante biodegradable fabricado con micelios, la estructura filamentosa de los hongos, y residuos de aserrín. El primer prototipo ya está listo para iniciar sus ensayos.

Por Equipo de Preservar.

Lo que hoy parece una placa de material orgánico podría convertirse en una alternativa al plumavit en la construcción. Investigadores del Hub de Innovación de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM) desarrollan paneles aislantes a partir de micelios de hongos, con el objetivo de sustituir materiales derivados del petróleo por una solución biodegradable y de menor impacto ambiental.

La investigación comenzó en 2022, impulsada por la arquitecta y académica de la UTEM Suzanne Segeur Villanueva y el entonces estudiante Alan Bastías. El proyecto surgió de la experiencia previa de Segeur en materiales reciclados y biobasados y del interés de Bastías por explorar el potencial de los micelios en la construcción.

El equipo revisó experiencias internacionales en las que los hongos ya se habían utilizado para fabricar bloques, revestimientos y aislantes. A partir de esos antecedentes decidió desarrollar una investigación propia, utilizando la infraestructura del Hub de Innovación de la universidad y adaptando el proceso a las condiciones y necesidades de Chile.

El primer resultado concreto es un prototipo de 50 por 50 centímetros y cinco centímetros de espesor, que entrará ahora en una etapa de ensayos. La apuesta no se limita a sustituir un material: también busca abrir espacio para una industria de biomateriales desarrollada en Chile y fortalecer el vínculo entre investigación universitaria y construcción.

Del laboratorio al edificio

El desarrollo avanza en paralelo por distintas líneas de investigación. Una de ellas está centrada en el cultivo de micelios, que actualmente alcanzó un Nivel de Madurez Tecnológica (TRL) 4, correspondiente a una tecnología validada en laboratorio.

La meta del equipo es llegar a un TRL 5 o 6 antes de que termine el año. Ese salto permitiría probar el material en condiciones similares a las reales y facilitaría la búsqueda de nuevos fondos para continuar con su escalamiento.

Las proyecciones apuntan más allá del laboratorio. Si el desarrollo mantiene el ritmo previsto, los investigadores esperan que en un plazo máximo de dos años sea posible fabricar módulos habitables utilizando este biomaterial.

El proceso también plantea una relación particular con los residuos. Como referencia, unos tres kilos de aserrín permiten cultivar un panel de las dimensiones del prototipo, aunque la cantidad puede variar según factores como la densidad, la humedad y la cepa de micelio utilizada.

El reto de escalar

El principal obstáculo, por ahora, no está solo en la tecnología. El financiamiento aparece como una de las mayores dificultades para llevar el desarrollo desde el laboratorio hacia una aplicación comercial.

Hasta ahora, la investigación ha recibido cerca de 13 millones de pesos provenientes de distintos fondos, una cifra muy inferior a las inversiones destinadas a proyectos similares en otros países, donde estos desarrollos han recibido financiamiento de varios millones de dólares.

La diferencia también marca el propósito del proyecto. Mientras en algunos mercados los materiales construidos a partir de micelios se comercializan como productos de alto costo, el equipo de la UTEM busca desarrollar una alternativa que pueda ser más accesible para Chile.

El objetivo final es que estos paneles dejen de ser una experiencia de laboratorio y puedan convertirse en una opción real para una industria de la construcción que necesita reducir su impacto ambiental y su dependencia de insumos derivados del petróleo.

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