Sequía reordena la relación entre búhos y sus presas en Fray Jorge

Foto: Milodon3 / Wikipedia
Un estudio de 24 años en el parque nacional de la Región de Coquimbo detectó que la aridificación está modificando la dieta de tres especies de búhos, una señal que podría anticipar cambios más profundos en la biodiversidad.
Por Equipo de Preservar
La sequía no solo altera la vegetación y la disponibilidad de agua en los ecosistemas semiáridos. También puede transformar relaciones más discretas, pero decisivas, como las que existen entre depredadores y presas. Eso es lo que revela una investigación desarrollada durante 24 años en el Parque Nacional Bosque Fray Jorge, donde científicos analizaron cómo la disminución de las precipitaciones ha modificado la alimentación de la lechuza, el pequén y el tucúquere.
El estudio, encabezado por Jazmín Quiroz-Calizaya, del Departamento de Biología de la Universidad de La Serena, examinó las relaciones alimentarias de estas tres especies a partir de más de 16.900 muestras recolectadas durante más de dos décadas. La investigación contó además con la participación de científicos del Instituto de Ecología y Biodiversidad y de universidades de Chile, Estados Unidos, Argentina y Sudáfrica.
La dieta de la sequía
Los registros muestran que las interacciones entre los búhos y sus presas responden tanto a las fluctuaciones climáticas de mediano plazo como a una tendencia más persistente de disminución de las lluvias.
“Encontramos que las interacciones entre búhos y sus presas responden a ciclos de mediano plazo —de entre 3 y 9 años—, relacionados con las fluctuaciones de lluvia asociadas a El Niño y La Niña, y a un cambio de más largo plazo, de 15 a 24 años, ligado a la disminución sostenida de las precipitaciones”, explicó Quiroz-Calizaya.
Para reconstruir estas variaciones, el equipo analizó egagrópilas —restos regurgitados que contienen, entre otros elementos, huesos y pelos de las presas— recolectadas desde 1990 bajo los refugios de las tres especies.
Los resultados muestran diferencias claras entre los periodos húmedos y secos. La lechuza y el tucúquere se alimentan principalmente de mamíferos, mientras el pequén consume sobre todo artrópodos. En las temporadas lluviosas, cuando aumenta la disponibilidad de alimento, las tres especies comparten una mayor cantidad de presas.
La situación cambia durante las sequías. “Aumenta la competencia por el alimento y las tres especies comparten menos presas, concentrándose en recursos diferentes”, señaló la investigadora. Además, después de 2003 comenzaron a incorporar presas que antes no formaban parte de su dieta habitual.
Una alerta antes de la desaparición
Para la académica Angéline Bertin, los cambios detectados son relevantes porque las alteraciones en las relaciones ecológicas pueden manifestarse antes de que desaparezcan las especies.
“Los cambios en las relaciones ecológicas pueden ocurrir antes que la pérdida de especies”, advirtió la investigadora. En un territorio semiárido como la Región de Coquimbo, donde los periodos lluviosos favorecen la vegetación y aumentan la abundancia de artrópodos y pequeños mamíferos, una reducción sostenida de las precipitaciones puede repercutir en toda la red ecológica.
El cambio en la dieta de los búhos, según Bertin, muestra que las relaciones entre especies “se están reorganizando”. El desafío ahora será determinar si esta transformación afecta la abundancia, la reproducción o la supervivencia de depredadores y presas, y si constituye una respuesta adaptativa o la señal inicial de cambios más profundos en la biodiversidad.
La investigación plantea así una advertencia especialmente relevante para la conservación: observar las relaciones entre especies puede permitir detectar con anticipación qué organismos y hábitats están bajo mayor presión. “Estos cambios pueden utilizarse como señales tempranas para identificar especies vulnerables, priorizar la protección de sus hábitats y reducir otras presiones que podrían agravar los efectos del cambio climático”, sostuvo Bertin.
En Fray Jorge, uno de los territorios clave para estudiar la variabilidad climática y la aridificación, el comportamiento de tres búhos comienza así a contar una historia mayor: la de un ecosistema que, bajo la presión de la sequía, está cambiando sus relaciones antes de que sus transformaciones resulten evidentes a simple vista.



