Lluvias intensas vuelven a poner en alerta a las laderas del Gran Valparaíso

8 octubre, 2026
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Las precipitaciones que afectan a la zona central han provocado deslizamientos en distintos sectores del Gran Valparaíso. Expertos advierten que la lluvia puede activar remociones en masa cuando se combina con pendientes inestables, suelos saturados y una intervención inadecuada del territorio.

Por Equipo de Preservar.

Los deslizamientos registrados durante el actual sistema frontal en distintos puntos del Gran Valparaíso han vuelto a exponer la vulnerabilidad de las laderas urbanas frente a episodios de precipitaciones intensas. Avenida España, a la altura del puente Capuchinos, Recreo, Caleta Abarca y el sector de Miraflores, entre otros puntos, han registrado movimientos de tierra asociados a las lluvias.

En la noche del martes, un derrumbe en Avenida España obligó a restringir parcialmente el tránsito hacia Viña del Mar. También se reportaron deslizamientos en Miraflores y en la calle Tomás Ramos de Valparaíso, donde el material afectó a una vivienda. Según Cooperativa, en Valparaíso se acumularon más de 70 milímetros de agua durante el episodio.

El fenómeno no se limita a la Región de Valparaíso. En la Región Metropolitana, las precipitaciones provocaron calles anegadas, interrupciones de suministro eléctrico y problemas de desplazamiento, mientras Senapred ordenó evacuaciones preventivas en sectores de El Monte y Talagante debido al aumento del caudal del río Mapocho.

La Dirección Meteorológica de Chile había advertido antes del episodio sobre precipitaciones importantes para la zona central. Para la Región de Valparaíso se proyectaron acumulaciones de entre 40 y 50 milímetros en sectores del litoral y la cordillera, y entre 30 y 45 milímetros en la precordillera y los valles precordilleranos.

Cuando la lluvia encuentra una ladera vulnerable

Hermann Manríquez, director del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, explica que el término técnico para estos fenómenos es remoción en masa. La lluvia intensa funciona como un factor desencadenante sobre terrenos que ya presentan condiciones de vulnerabilidad, determinadas, entre otros elementos, por la pendiente, la saturación del suelo, la vegetación y la intervención humana.

El académico advierte que la urbanización puede aumentar esa vulnerabilidad cuando caminos, viviendas u otras obras modifican la geometría natural de una ladera. Al cortar un cerro y generar taludes más verticales, por ejemplo, pueden quedar expuestos suelos y rocas que requieren sistemas adecuados de drenaje, contención o estabilización.

La explicación física es relativamente sencilla, aunque sus consecuencias pueden ser súbitas: cuando el suelo recibe más agua de la que puede infiltrar, comienza a saturarse. El agua aumenta además el peso del terreno y puede reducir la resistencia de los materiales, especialmente en pendientes pronunciadas, mientras que las intervenciones humanas pueden alterar los escurrimientos superficiales y contribuir a la inestabilidad. En determinadas condiciones, esa combinación puede desencadenar el movimiento de tierra.

Un riesgo que se repite durante los temporales

Los episodios recientes muestran que el problema no es excepcional. Durante el sistema frontal de julio, Senapred informó de remociones en masa, aumento de caudales y anegamientos en las regiones de Coquimbo y Valparaíso. El organismo también señaló entonces que la saturación de los terrenos y su inestabilidad mantenían el riesgo incluso cuando las precipitaciones comenzaban a disminuir.

En aquel episodio, Sernageomin identificó una probabilidad alta de remociones en masa entre Atacama y La Araucanía, particularmente en sectores litorales, la cordillera de la Costa, valles longitudinales y la precordillera. El organismo reforzó además el monitoreo de sectores afectados por incendios forestales en Valparaíso, donde las condiciones del terreno constituyen un factor adicional que debe ser considerado en la gestión del riesgo.

La relación entre lluvia y territorio también explica por qué los efectos de un mismo sistema frontal pueden ser muy distintos entre lugares cercanos. La pendiente, las características geológicas del suelo, la vegetación, la existencia de quebradas y cauces y las modificaciones realizadas para construir viviendas o infraestructura determinan en buena medida la exposición de cada sector. El comunicado atribuye precisamente a esta combinación de factores parte de la vulnerabilidad observada en el Gran Valparaíso.

El agua que no logra infiltrarse termina además concentrándose en quebradas y cauces. Ese proceso contribuye al aumento de los caudales durante episodios de lluvia y puede generar riesgos simultáneos: mientras una ladera pierde estabilidad, un cauce puede incrementar rápidamente su volumen y afectar sectores situados aguas abajo.

Un sistema frontal que todavía mantiene inestabilidad

Aunque la fase más intensa del sistema frontal comienza a alejarse, la inestabilidad no desaparece inmediatamente. Para este jueves 8 de octubre, la Dirección Meteorológica mantiene condiciones favorables para nuevos chubascos en sectores de la zona central, mientras el aire frío en altura puede favorecer precipitaciones de corta duración y mayor intensidad en algunos momentos.

La experiencia de estos días vuelve a poner el foco no solo en la cantidad total de lluvia, sino también en dónde cae, con qué intensidad y sobre qué tipo de terreno. Para Manríquez, una ladera que ha sido modificada y se encuentra en una condición inestable puede movilizarse cuando el agua penetra en el suelo y altera su equilibrio.

La prevención requiere identificar las zonas expuestas, mantener sistemas de drenaje y obras de estabilización adecuados y evitar nuevas intervenciones en terrenos susceptibles sin considerar sus características naturales. Sernageomin ha insistido, durante emergencias anteriores, en la necesidad de mantener un monitoreo geológico permanente y evitar el tránsito por sectores con riesgo de remociones en masa.

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