El arbolado urbano puede influir en la intensidad de las alergias primaverales

21 septiembre, 2026
Paseo-bulnes-Santiago-Chile

Foto: Marcelo Rodrigo / Pexels

La elección de las especies que se plantan en calles y áreas verdes puede ayudar a reducir la concentración de polen en las ciudades. Un académico de la PUCV plantea avanzar hacia árboles nativos y adaptados al territorio.

Por Equipo de Preservar.

La llegada de la primavera trae consigo temperaturas más altas, mayor luminosidad y el reverdecimiento de parques y jardines, pero también un aumento de los niveles de polen en el aire. Para las personas sensibles, este fenómeno puede traducirse en estornudos, congestión nasal, picazón ocular y otros síntomas de rinitis alérgica.

En este escenario, la planificación del arbolado urbano aparece como una herramienta que puede contribuir a disminuir la exposición a determinados pólenes. La elección de las especies que se incorporan a calles, plazas y áreas verdes no solo tiene implicancias paisajísticas: también puede considerar factores como el consumo de agua, la adaptación climática, la biodiversidad y sus características reproductivas.

Para Cristian Atala, biólogo y académico del Instituto de Biología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), una parte del problema está relacionada con las especies que utilizan el viento para transportar su polen. “Las alergias se producen principalmente porque hay especies de plantas que se polinizan por el viento, como los álamos y plátanos orientales”, explica Atala. Estas especies, agrega, “producen una cantidad mucho mayor porque gran parte queda suspendida en el aire sin llegar a su destino”.

El académico precisa que esto no significa necesariamente que el polen de estos árboles sea intrínsecamente más alergénico. La diferencia está también en la cantidad liberada y en su mecanismo de dispersión. Las plantas anemófilas —aquellas cuya polinización depende del viento— necesitan producir grandes volúmenes de polen para aumentar las posibilidades de fecundación.

El plátano oriental y las alergias en Chile

En Chile, existe evidencia de que el polen de determinadas especies arbóreas tiene un papel relevante en las alergias estacionales. Un estudio publicado en la Revista Chilena de Enfermedades Respiratorias señala que el plátano oriental es particularmente importante durante la primavera en Santiago y Talca. En la capital, se ha estimado que esta especie representa alrededor del 35% de la polinosis entre agosto y septiembre.

La Universidad de Chile también identifica al plátano oriental como uno de los principales desencadenantes de las alergias primaverales en Santiago, junto con otros pólenes presentes en el ambiente urbano.

La dimensión del problema no es menor. Un estudio realizado en escolares de Santiago encontró, para el año 2000, síntomas de rinitis en los últimos 12 meses en 40,49% de los adolescentes de 13-14 años y en 37,1% de los niños de 6-7 años. El trabajo, publicado en la Revista Médica de Chile, analizó a más de 4.500 escolares.

Los pólenes, en todo caso, son solo uno de los múltiples aeroalérgenos que pueden provocar síntomas. Una investigación realizada en pacientes con rinoconjuntivitis alérgica en Temuco encontró sensibilización a distintos pólenes, además de ácaros, hongos y epitelios de animales. Entre los pólenes, las gramíneas presentaron una sensibilización particularmente relevante.

Más árboles nativos y mejor planificación

Frente a este escenario, Atala propone revisar progresivamente la composición del arbolado urbano y considerar especies nativas adaptadas a las condiciones locales.

“Una forma de reducir la afectación del polen corresponde al recambio de especies ornamentales introducidas, como el plátano oriental, por árboles nativos”, plantea el especialista. A su juicio, estas especies están adaptadas a las condiciones climáticas locales y pueden requerir menos cuidados y mantención.

El académico menciona entre las alternativas al quebracho, maitén, peumo, quillay, pimiento boliviano y molle, especies que ya forman parte del arbolado urbano de la zona central y que, además, proporcionan sombra y otros servicios ecosistémicos.

La propuesta también apunta a recuperar funciones ecológicas que pueden perderse cuando las ciudades dependen de un número reducido de especies ornamentales. Según Atala, avanzar hacia árboles nativos permitiría “reconstruir la trama de aves, insectos y la biodiversidad que acompaña a dicha vegetación”.

La evidencia científica, sin embargo, aconseja evitar generalizaciones: no todos los árboles nativos son necesariamente inocuos para las personas alérgicas. El estudio realizado en Temuco, por ejemplo, encontró sensibilización a algunos pólenes nativos y planteó la necesidad de realizar más investigaciones para determinar cuáles tienen verdadera relevancia clínica.

Por ello, la planificación del arbolado requiere considerar las características de cada especie y territorio. La selección puede integrar disponibilidad hídrica, adaptación al clima, necesidades de mantención, biodiversidad y potencial exposición de la población a determinados pólenes.

A este escenario se suma la meteorología. De acuerdo con Atala, las lluvias y el posterior aumento de las temperaturas pueden favorecer una mayor actividad de las plantas durante la primavera.

“Ciertas plantas son capaces de responder a los cambios de temperatura aumentando la producción de polen, dependiendo de la disponibilidad de agua”, señala. Y agrega: “Este año fue particularmente lluvioso; lo más probable es que tengamos un peak, porque las lluvias y el calor generan las condiciones ideales para que las plantas produzcan más polen”.

La relación entre vegetación urbana y salud, así, abre una dimensión adicional para la planificación de las ciudades. No se trata de eliminar los árboles, sino de seleccionar mejor qué especies se plantan, dónde y bajo qué criterios, buscando que el arbolado contribuya simultáneamente a la habitabilidad urbana, la adaptación climática y la biodiversidad.

Fuentes consultadas: comunicado de Cristian Atala, PUCV; Revista Médica de Chile; Revista Chilena de Enfermedades Respiratorias; Universidad de Chile y estudios publicados en SciELO.

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