Crecimiento de data centers en Chile acelera la transición hacia sistemas energéticos inteligentes

14 abril, 2026
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El avance de la inteligencia artificial y la economía digital está impulsando una fuerte expansión de centros de datos en el país, elevando la demanda eléctrica y abriendo paso a modelos energéticos más eficientes, autónomos y basados en renovables.

Por Equipo de Preservar/Agencias.

El crecimiento de la infraestructura digital en Chile está reconfigurando el debate energético. La expansión de los centros de datos —impulsada por la inteligencia artificial (IA), la computación en la nube y los servicios digitales— no solo consolida al país como un hub tecnológico regional, sino que también plantea desafíos significativos para el sistema eléctrico y la transición energética.

Según datos del mercado, la capacidad instalada de data centers en la Región Metropolitana alcanzó los 258,5 MW en 2025 y podría superar los 340 MW en 2026. Este aumento sostenido responde a una mayor demanda por procesamiento de datos y servicios asociados a IA, lo que a su vez implica un consumo energético cada vez más intensivo.

El impacto proyectado sobre el sistema eléctrico es relevante. El Coordinador Eléctrico Nacional estima que la demanda energética de estos centros podría crecer hasta en un 270% hacia 2030, superando los 1.200 MW. Este escenario obliga a repensar la planificación energética, especialmente en términos de transmisión, resiliencia y seguridad del suministro.

De consumidores pasivos a actores energéticos inteligentes

Tradicionalmente, los centros de datos han operado como grandes consumidores de energía, dependientes casi exclusivamente del suministro externo. Sin embargo, el auge de la inteligencia artificial está impulsando una transformación hacia infraestructuras más inteligentes, capaces de gestionar y optimizar su consumo de manera autónoma.

Este cambio implica integrar sistemas de monitoreo en tiempo real, analítica avanzada y automatización energética, con el objetivo de mejorar la eficiencia y reducir riesgos operativos. “La clave para sostener la expansión de los centros de datos en Chile es la integración de sistemas inteligentes de gestión energética que permitan no sólo eficiencia, sino también autonomía operativa frente a las variaciones de la red eléctrica”, señala Luis Santamaría, representante de Schneider Electric.

En la práctica, esto se traduce en centros de datos capaces de equilibrar su consumo, anticipar fallas y adaptarse a las condiciones del sistema eléctrico, reduciendo su vulnerabilidad y mejorando la continuidad de servicios críticos.

Integración de energías renovables y menor huella de carbono

Uno de los ejes clave de esta transición es la incorporación de energías renovables. Chile cuenta con una matriz energética cada vez más limpia, con una alta participación de fuentes solar y eólica, lo que abre oportunidades para desarrollar centros de datos con menor impacto ambiental.

La integración de estas fuentes, junto con sistemas de almacenamiento y gestión digital, permite avanzar hacia modelos de mayor independencia energética. Además, contribuye a reducir la huella de carbono de una industria que, a nivel global, enfrenta crecientes cuestionamientos por su consumo energético.

En este contexto, las plataformas digitales de gestión energética están cobrando protagonismo. Estas soluciones permiten integrar la infraestructura eléctrica, los sistemas de enfriamiento y la operación de los centros en un solo entorno, optimizando el uso de recursos y mejorando la eficiencia global.

Un desafío clave para la transición energética

El desarrollo de centros de datos en Chile se posiciona así en la intersección entre transformación digital y transición energética. Si bien su crecimiento es clave para la competitividad económica, también exige acelerar la adopción de tecnologías que permitan un uso más eficiente y sostenible de la energía.

La convergencia entre inteligencia artificial y gestión energética no solo aparece como una solución técnica, sino como una condición necesaria para sostener el crecimiento del sector sin comprometer la estabilidad del sistema eléctrico ni los objetivos climáticos del país.

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