Chile busca establecer protocolos para dar una segunda vida a las baterías de vehículos eléctricos

9 octubre, 2026
Autobús eléctrico articulado moderno

El avance de la electromovilidad abre un nuevo desafío ambiental y tecnológico: determinar qué baterías pueden reutilizarse de forma segura cuando dejan de cumplir los requisitos para operar en automóviles y buses.

Por Equipo de Preservar. 

Chile comienza a prepararse para una etapa inevitable de la expansión de la electromovilidad: la gestión de las baterías que, aunque ya no sean aptas para propulsar vehículos, podrían conservar capacidad para otros usos, como el almacenamiento de energía.

Para abordar este desafío, el proyecto LiBR3, liderado por CircularTec y apoyado por Corfo, desarrolla criterios técnicos, protocolos y modelos destinados a evaluar las posibilidades de reutilización de estas baterías, con especial atención a la seguridad y a las condiciones del contexto nacional.

La iniciativa cobra relevancia ante el crecimiento del transporte eléctrico. Según el comunicado del proyecto, Santiago cerró 2025 con 3.849 buses eléctricos en operación y proyectaba alcanzar cerca de 4.400 durante 2026, equivalentes al 68% de la flota operativa del sistema RED.

A medida que aumente el parque de vehículos eléctricos, también crecerá el número de baterías que dejarán de satisfacer las exigencias del uso vehicular. Sin embargo, el fin de esa primera etapa no implica necesariamente que hayan agotado su vida útil.

«Chile necesita prepararse desde ahora, tanto en los temas tecnológicos como normativos, para el momento en que las baterías de vehículos eléctricos terminen su primera vida», señaló Mauricio Retamales, director del proyecto LiBR3. El objetivo, explicó, es disponer de criterios que permitan establecer cuáles pueden seguir utilizándose de manera segura y en qué aplicaciones.

La seguridad, un requisito para la reutilización

Dar una segunda vida a estas baterías requiere algo más que comprobar que todavía funcionan. Antes de destinarlas a nuevos usos, es necesario evaluar su estado y determinar si sus características permiten una reutilización segura.

De acuerdo con el proyecto, el proceso contempla distintas etapas, entre ellas el desmontaje, la inspección y la realización de pruebas y ensayos. Estos procedimientos son especialmente relevantes porque las baterías de vehículos eléctricos operan con sistemas de alto voltaje y pueden presentar distintos niveles de degradación según su historial de uso y tecnología.

Los protocolos buscan establecer procedimientos comunes y reproducibles que permitan comparar resultados y respaldar las decisiones sobre el destino de cada batería. De este modo, no todas las unidades retiradas de circulación se considerarían automáticamente aptas para una segunda aplicación: su reutilización dependerá de una evaluación técnica.

Chile cuenta con experiencias internacionales, estándares y metodologías desarrollados en países con mayor trayectoria en electromovilidad y reutilización de baterías. No obstante, trasladar esas prácticas al país exige revisar su compatibilidad con la normativa local, las condiciones técnicas y los requisitos de seguridad.

Marcos Falcone, líder de protocolos de LiBR3, advierte que las referencias internacionales deben adaptarse cuando corresponda. El desafío, sostiene, es identificar qué prácticas pueden aplicarse directamente y cuáles requieren modificaciones para responder a las condiciones chilenas.

Economía circular y nuevas capacidades tecnológicas

La reutilización de baterías también plantea una oportunidad para avanzar hacia una economía circular, al prolongar el aprovechamiento de materiales y componentes antes de que se conviertan en residuos. El potencial concreto de esta alternativa, sin embargo, dependerá del estado de cada batería, de la viabilidad técnica de su nueva aplicación y de las condiciones de seguridad.

Para Luis Martínez Cerna, director ejecutivo de CircularTec, el desarrollo de estas soluciones puede contribuir tanto al aprovechamiento de recursos como a la creación de capacidades tecnológicas en Chile.

La preparación anticipada resulta relevante para evitar que la acumulación de baterías retiradas de vehículos se convierta en un problema de gestión cuando aumenten los volúmenes. Contar con criterios técnicos claros permitiría distinguir las unidades reutilizables de aquellas que deban seguir otras vías de tratamiento o gestión.

El trabajo de LiBR3 apunta, precisamente, a generar las bases para tomar esas decisiones con mayor certeza. El desafío no consiste solo en extender la vida útil de las baterías, sino en hacerlo mediante evaluaciones consistentes y procedimientos que permitan reducir riesgos y aprovechar su valor remanente.

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