IA y crisis hídrica en Chile: el desafío de crecer sin aumentar la presión sobre el agua

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El Ecolab Watermark Study 2025 revela una percepción ambivalente sobre la inteligencia artificial en el país: mientras un 60% confía en su impacto positivo, la mitad de los chilenos advierte que su desarrollo podría profundizar la escasez hídrica.
Por Equipo de Preservar/Agencias.
En medio de una sequía estructural y un escenario de creciente presión sobre los recursos naturales, el agua se consolida como uno de los ejes centrales del debate sobre desarrollo sostenible en Chile. Así lo evidencia la tercera edición del Ecolab Watermark™ Study 2025, un estudio global que analiza la percepción ciudadana sobre la gestión hídrica y su vínculo con tendencias como el cambio climático y la inteligencia artificial (IA).
Los resultados muestran una ciudadanía altamente consciente del valor del recurso: el 94% de los chilenos considera que el acceso a agua limpia y segura es una prioridad, mientras que un 64% afirma que el agua ya es escasa en el país. A nivel global, además, el 76% percibe la escasez hídrica como un problema estructural.
Inteligencia artificial: entre la solución y el riesgo hídrico
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la creciente preocupación por el impacto ambiental de la inteligencia artificial. Si bien un 60% de los encuestados cree que esta tecnología tendrá un efecto positivo en la sociedad —y el mismo porcentaje estima que podría contribuir a mitigar impactos climáticos—, un 50% advierte que el uso de agua para su funcionamiento podría generar escasez para las personas.
La percepción responde a una realidad cada vez más visible: el crecimiento de la IA implica una alta demanda de recursos. Se proyecta que para 2027 los centros de datos podrían consumir más de un billón de galones de agua dulce al año, mientras que hacia 2030 el desarrollo asociado a esta tecnología requeriría volúmenes equivalentes al consumo anual de agua potable de Estados Unidos.
“El auge de la IA está ayudando a moldear este futuro, impulsando nuevas oportunidades de crecimiento empresarial e innovación transformadora. Al mismo tiempo, cada semana se abre un nuevo centro de datos”, advierte Christophe Beck, CEO de Ecolab. “Aunque podemos generar más energía, no podemos crear más de nuestro recurso más vital: el agua”.
Este contexto explica por qué, aunque el 70% de los chilenos identifica el consumo energético como el principal impacto de la IA, solo el 50% reconoce su huella hídrica, evidenciando una brecha de conocimiento relevante.
Regulación y confianza: una brecha persistente
El estudio también revela una baja confianza en la capacidad de empresas y gobiernos para gestionar responsablemente el agua. Aunque el 70% de las personas cree que las empresas deberían utilizar la IA para administrar mejor los recursos naturales, solo un 41% confía en que lo harán sin regulación estatal.
En la misma línea, apenas el 46% considera que las empresas están realmente comprometidas con la conservación del agua, mientras que un 54% cree que el gobierno cumple ese rol. Esta brecha de confianza se profundiza en el liderazgo empresarial, donde la percepción de compromiso cae al 38%, el nivel más bajo en América Latina.
“Cuando vemos que una mayoría de personas está dispuesta a cambiar de marca, producto o proveedor por eficiencia en recursos, el mensaje es claro: la sostenibilidad dejó de ser un discurso y pasó a ser una ventaja competitiva”, señala Juan Pablo Chahuán, líder de Ecolab Chile.
El agua como factor de decisión en el mercado
La gestión hídrica ya no es solo un tema ambiental, sino también económico. En Chile, el 74% de los consumidores afirma haber cambiado hábitos de consumo por razones ambientales, mientras que el 72% declara haber dejado de comprar productos sin compromiso medioambiental.
Además, el 64% señala que cambiaría de tecnología o servicios digitales si estos utilizan menos recursos naturales, lo que posiciona al agua como un criterio clave en la toma de decisiones.
El informe también identifica a los sectores percibidos como mayores consumidores de agua: la agricultura (59%), la minería (57%) y la industria de alimentos y bebidas (40%), lo que refleja una mayor conciencia sobre el impacto sectorial en el uso del recurso.
Un desafío estructural para el desarrollo sostenible
Los resultados del Ecolab Watermark™ Study 2025 confirman que la conversación sobre el agua en Chile ha evolucionado desde la urgencia hacia una mirada más estructural, donde el recurso se vincula directamente con el cambio climático, los desastres naturales y el desarrollo tecnológico.
En este escenario, la inteligencia artificial emerge como una herramienta clave, pero también como un nuevo foco de tensión. Su aceptación social dependerá, en gran medida, de la capacidad de empresas y gobiernos para demostrar que es posible innovar sin comprometer los recursos hídricos.
Con una brecha proyectada del 56% entre la oferta y la demanda de agua dulce hacia 2030, el desafío no solo es tecnológico, sino también regulatorio y cultural: avanzar hacia un modelo de desarrollo donde la eficiencia hídrica sea un estándar y no una excepción.



